Caiana Revista académica de investigación en Arte y cultura visual

Caiana Nro18

Libros / detalle


Gabriela Siracusano y Agustina Rodríguez Romero (eds.),

Materia Americana: el cuerpo de las imágenes hispanoamericanas: siglos XVI a mediados del XIX,

Sáenz Peña, Universidad Nacional de Tres de Febrero, 2020, 472 páginas. ISBN 978-987-8359-24-3


Lucila Iglesias

"Siempre me preocupó el hecho de que esos maestros que vivían de su trabajo hayan dejado tan pocos rastros", anotó Héctor Schenone en 1967 en referencia a los imagineros limeños del siglo XVIII.[1] La frase apuntada en una de sus fichas personales nos enfrenta a la opacidad de las fuentes virreinales en cuanto a los métodos artísticos y la operatoria de los talleres, particularmente los sudamericanos, problema que Schenone supo identificar y comenzar a indagar mediante el estudio minucioso de obras, fragmentos y restos de ellas. Este desvelo del maestro de varias generaciones de historiadorxs del arte -incluidas las editoras del libro que nos ocupa-, se expandió décadas más tarde a nuevas preguntas de investigación frente a un conjunto heterogéneo de imágenes que en muchos casos han perdido la identidad de sus artífices, de sus materiales y técnicas, e incluso de los espacios a las que fueron destinadas. Me refiero al arte virreinal americano que es el objeto de indagación de la mayoría de los trabajos de esta compilación, aunque son problemas que también alcanzan a las imágenes prehispánicas y, en algunos casos, ibéricas de la temprana modernidad.

 

En los últimos treinta años, el desarrollo de nuevas metodologías para la aplicación de técnicas en el campo de las ciencias exactas y naturales coincidió con la necesidad de nuevos abordajes para el estudio histórico que permitieran explorar distintas capas y costados de las piezas patrimoniales. La emergencia de perspectivas interdisciplinarias que cruzaron miradas de la conservación, la química, física, la historia cultural y de los estudios visuales –por citar las más destacadas– abrieron una nueva vía para estudiar y comprender a los artefactos históricos. Aquello que se denominó el "giro material" se impuso en la agenda académica de las ciencias sociales y humanas en general, y de la historia del arte en particular. A partir del cruce de miradas disciplinares, las propias imágenes comenzaron a pensarse como fuentes y las materialidades como indicio y huella de prácticas sociales, de la interacción de tradiciones y procedimientos y de significados atribuidos a lo largo del tiempo, como explican Gabriela Siracusano y Agustina Rodríguez Romero en el repaso historiográfico que abre el libro. La agencia dejó de ser un atributo exclusivo de las personas y comenzó a ponerse el foco en la capacidad de los materiales de intervenir en la apariencia y el sentido que adquieren los artefactos históricos.

 

Materia Americana se presenta como partícipe y resultado de este paradigma. Los 25 artículos y los 6 casos que se incluyen en el libro reúnen miradas de especialistas en historia del arte, química, física, conservación, antropología y museología de América latina, Estados Unidos y Europa, que recorren una multiplicidad de objetos y materiales. En muchos casos, son el resultado de los debates e intercambios que se dieron en los encuentros del proyecto “Materiality between Art, Science and Culture in the Viceroyalties (16th–18th Centuries): An Interdisciplinary Vision toward the Writing of a New Colonial Art History”.[2] De esta manera, el libro demuestra la importancia de establecer diálogos entre las disciplinas, pero también de tender redes de intercambio entre especialistas de distintas latitudes geográficas, aspecto que promueve con su edición bilingüe, democratizando así el alcance de los trabajos académicos en las distintas áreas.

 

Los objetivos y metodologías de trabajo pueden servir como un criterio para agrupar a los diferentes artículos compendiados en esta edición. Un conjunto importante de trabajos parte de un estudio minucioso de las fuentes para recuperar el sentido de distintas materialidades. El artículo de Elena Phipps discurre sobre nociones de matiz, brillo y lustre vinculadas a la producción textil en los Andes y posa su mirada también en las piezas, en las urdimbres y tramas tejidas en épocas prehispánicas y virreinales que emplea como fuentes. Por su parte, Juan Ricardo Rey Márquez indaga en la terminología para describir el color en la ilustración botánica y su exploración indiciaria le permite echar luz sobre soluciones materiales y técnicas empleadas en aquellas imágenes aparentemente situadas fuera de los márgenes del arte. La materialidad santa o sagrada es el eje de las reflexiones de Luisa Elena Alcalá, quien se ocupa de la reliquia de la Santa Casa de Loreto y las estrategias para su reproducción y promoción en tierras novohispanas por la orden jesuita. El caso de Olga Acosta también aborda de manera sucinta el costado material del relato sobre la imagen devocional de la Virgen de Chiquinquirá, mientras que el de Gustavo Tudisco sitúa a la materialidad en el centro de la reflexión sobre un discurso museológico.

 

En este grupo podríamos considerar el artículo de Ticio Escobar, que cruza miradas de la antropología y la historia cultural para repensar las implicancias significantes de distintas materialidades en la cultura guaraní, capaces de expandirse a múltiples soportes, entre los que incluye al propio cuerpo. La crónica de Martín de Murúa es el objeto de investigación de Barbara Anderson y Thomas Cummins. La primera se ocupa de los usos de conceptos vinculados con el color y el segundo indaga en los procedimientos del cronista para la creación de imágenes, por lo que su artículo podría vincularse con el siguiente grupo. Me refiero al conjunto de trabajos que orientan sus esfuerzos hacia la reconstrucción de técnicas y procesos creativos mediante una pesquisa de las fuentes y a partir de diferentes estudios técnicos y materiales de las piezas.

 

El legado escrito fue el medio para conocer procedimientos y materiales; en el artículo de Corina Gramatke relacionados con la escultura jesuítico-guaraní, y en el de Rocío Bruquetas con las ilustraciones que acompañaron las expediciones científicas del siglo XVIII. En esta línea, el estudio de Ana Roquero se funda en las fuentes históricas e incluye el trabajo etnográfico con artesanos de diferentes regiones de América para la construcción de una base de tintes orgánicos históricos que sirvan como patrones de referencia para la investigación.

 

Trabajos como el de Marisa Gómez y Pedro Pablo Pérez, el de Néstor Barrio, Fernando Marte y Federico Eisner, de Ana Calvo y de Mercedes de las Carreras parten de los estudios técnicos y materiales y demuestran la utilidad de las imágenes analíticas, los análisis microquímicos y el trabajo de conservación para aproximarnos a las técnicas pictóricas y métodos de trabajo de artistas virreinales e ibéricos. En la misma dirección, los qeros andinos y la resina mopa-mopa son el centro de los estudios de Ellen Pearlstein, de Emily Kaplan, Richard Newman y Michele Derrick y del caso trabajado por Mario Fernández-Reguera y María Cecilia Álvarez-White.

 

Las decisiones metodológicas y la pertinencia de ciertas técnicas analíticas para el estudio material de manuscritos ilustrados son presentadas por el equipo italiano del proyecto MOLAB (Davide Domenechi, David Buti, Constanza Miliani y Antonio Sgamelotti.), que les permitió identificar cambios tecnológicos en la producción prehispánica y colonial en regiones de México, mientras que el caso de Ivana Levy y Marta Maier hace lo propio para precisar compuestos orgánicos en aglutinantes de la pintura mural surandina. Esta última clase de imágenes también son abordadas por el equipo liderado por Fernando Guzmán, que exhibe el trabajo en proceso y algunas aproximaciones a los pigmentos empleados. En los artículos encabezados por Maier y Eugenia Tomasini, las metodologías de la química y la física confirman su eficacia para la identificación de materiales que brindan color –rojo y azul o negro respectivamente– en obras virreinales, mientras que el trabajo interdisciplinario con las historiadoras del arte permite también resituar los sentidos de aquellas materialidades en sus contextos de producción.

 

Distinto es el caso de otro grupo de artículos que se sirven del estudio material y técnico para construir narrativas históricas, para leer la dimensión material de las imágenes en   clave histórico-artística atendiendo a su significación y circulación. En ese sentido, los trabajos de Pablo Amador recogen la experiencia de su labor sobre las piezas de escultura ligera para reconstruir las redes de comercio y circulación entre talleres novohispanos y canarios, e incluso para proponer una novedosa atribución al célebre Señor de los Temblores, un símbolo identitario de la cultura cusqueña. Las propuestas del IIE-UNAM vuelven a hacerse presentes en el artículo de Eumelia Hernández, Sandra Zetina, Jaime Cuadriello y Elsa Arroyo, un estudio de los materiales –que abarca incluso los trazos de las pinceladas– que les permitió repensar la función de las imágenes murales del templo agustino de Atotonilco.

 

Las investigaciones interdisciplinarias del Centro Materia (UNTREF) se vuelcan en trabajos que se ocupan de la dimensión material de la escultura jesuítico-guaraní y de la célebre imagen devocional de la Virgen de Copacabana. En el primero (de Siracusano, Maier, Blanca Gómez Romero, Tomasini y Leontina Etchelecu), el estudio sobre las maderas y materiales pictóricos destacan la particular manera de concebirlos y los procesos creativos gestados en el contexto de las reducciones jesuíticas. En el segundo caso Siracusano, Maier, Tomasini y Carlos Rúa Landa cruzan el estudio de los relatos sobre la imagen, las observaciones derivadas de su conservación y el análisis de sus pigmentos, lo que les permitió a identificar un compuesto inédito (la atacamita) y la resignificación de la materialidad sagrada en una imagen donde se superponen tradiciones andinas y cristianas. Los estudios técnicos previos sobre la imagen sirven al caso abordado por Diego Guerra para repensar las sucesivas intervenciones de un retrato y su devenir histórico, mientras que en el artículo de Luis Eduardo Wuffarden andamian una lectura sobre las estrategias de ilusionismo mediante recursos plásticos gestados en los obradores cusqueños y limeños del siglo XVIII.

 

En último lugar, vale destacar la propuesta metodológica que surge del hallazgo de los fragmentos de una pintura en la Iglesia de San Ignacio de Buenos Aires. El trabajo de Rodríguez Romero, Siracusano, Tudisco, Damasia Gallegos y Ana Morales exhibe las discusiones y decisiones sobre la conservación de una obra dañada y fragmentada, al tiempo que reflexiona sobre el estatuto de documento de una imagen perdida que llevaba inscripta en su materialidad la huella del devenir histórico, de procesos políticos e incluso de las preocupaciones del profesor Schenone, a quien evoqué para abrir esta reseña.

 

Todas estas miradas y preguntas provenientes de diversos campos del conocimiento se conjugan con una constelación de imágenes y materialidades en una obra colectiva que construye nuevas narrativas para una historia del arte que expande sus horizontes disciplinares y metodológicos.

 

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Notas

[1] Agradezco al Dr. Juan Ricardo Rey Márquez la referencia hallada durante su relevamiento del archivo personal del Prof. Schenone, y que citó en su ponencia titulada "Los fragmentos escultóricos de Héctor Schenone: un archivo en clave material", presentada en el XLIV Coloquio Internacional de Historia del Arte "El Giro Material" (IIE, UNAM, octubre de 2020).

[2] Como señalan en la introducción, el proyecto incluyó cuatro encuentros financiados por la Getty Foundation y el programa "Connecting Art Histories".



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Materia Americana: el cuerpo de las imágenes hispanoamericanas: siglos XVI a mediados del XIX,

Sáenz Peña, Universidad Nacional de Tres de Febrero, 2020, 472 páginas. ISBN 978-987-8359-24-3

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En Caiana. Revista de Historia del Arte y Cultura Visual del Centro Argentino de Investigadores de Arte (CAIA).
N° 18 | Año 2021 en línea desde el 4 julio 2012.

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