Caiana Revista académica de investigación en Arte y cultura visual

Caiana Nro12

Libros / detalle

Victoria Noorthoorn et al.

Legado Pirovano: la colección Ignacio Pirovano en el Moderno. Buenos Aires, 2017, 320 pp. ISBN 978-987-1358-51-9


Museo de Arte Moderno

María Isabel Baldasarre

Ante todo, la publicación del primer catálogo razonado de la colección Pirovano merece ser celebrada. Si bien los catálogos razonados constituyen herramientas fundamentales para la práctica del historiador del arte, son escasas las instituciones que han priorizado este trabajo arduo e intensivo, con resultados no siempre espectaculares, pero insoslayable para conocer el origen y la historia de su patrimonio. Podemos señalar en esta línea el proyecto iniciado en el MNBA en el contexto del Bicentenario de 2010, el llevado adelante durante la gestión de Agustín Pérez Rubio en el MALBA e iniciativas similares en curso en el Museo Nacional de Arte Decorativo. No casualmente había sido su primer director, el propio Ignacio Pirovano, un pionero en esta tarea. En 1947, a diez años de asumir la dirección del Museo redactó uno de los primeros catálogos razonados del país, punto de partida aún hoy imprescindible al momento de acercarse al estudio de sus colecciones. Por otra parte, son excepcionales los artistas locales que cuentan con una catalogación exhaustiva de su obra, en este sentido podemos señalar la reciente publicación sobre los retratos de José Gil de Castro pertenecientes al Museo Histórico Nacional y el de la obra completa de Xul Solar editado por la Fundación Pan Klub en 2016.

 

Volviendo al proyecto de Pirovano, este libro se enlaza en una serie de iniciativas que el Moderno viene llevando adelante en pos de repensar este legado y su particular lectura y propuesta respecto del arte moderno y sus tradiciones locales e internacionales. Además de textos críticos sobre diferentes aspectos de la figura de Pirovano, y la catalogación razonada completa de su donación (a cargo de María Inés Afonso Esteves, Sofía Frigerio, María Amalia García y Beatriz Montenegro de Antico), el libro culmina con un apéndice de fotografías, textos críticos, escritos autobiográficos y correspondencia de Pirovano, gran parte perteneciente al “Fondo I. Pirovano” de la Biblioteca y Centro de Documentación del Museo. Su ordenamiento y digitalización fueron iniciados en consonancia con la catalogación de las obras, otorgando así una dimensión integral a la iniciativa editorial y curatorial, y permitiendo dotarla de espesor historiográfico.

 

María Amalia García, coordinadora académica del proyecto, y figura de referencia en los estudios sobre arte abstracto en Sudamérica, introduce el libro y dedica un rico ensayo a la trayectoria múltiple de Ignacio Pirovano. Tal como fuera práctica corriente del coleccionismo de fin del siglo XIX y comienzos del XX, desde su génesis la colección del abogado fue pensada para ser la base de un museo, en este caso de arte moderno, y más específicamente de orientación abstracto-geométrica. En este sentido, sería su hermana Josefina quien cumpliría el designio del recién fallecido Ignacio, al donar la colección al Museo de Arte Moderno en 1980, entonces a cargo de Guillermo Withelow.

 

En su texto, García sostiene que Pirovano fue una figura de conciliación capaz de conjugar origen patricio y fervor peronista, cría de ganado vacuno y divina proporción, diseño de muebles modernos y dirección de un Museo de Arte Decorativo con una fuerte impronta del siglo XVIII. La autora rastrea cómo Pirovano deviene en coleccionista de arte abstracto, centrándose en sus elecciones pero también en sus omisiones. Si bien éste cedió su galería para la exhibición de los artistas invencionistas en sus adquisiciones no se volcó por sus obras de marco recortado sino por piezas “de marco ortogonal” que respondían “al concretismo internacional de los años cincuenta”. El contacto con Tomás Maldonado, a mediados de la década del cuarenta, sería un factor central a la hora de moldear su colección de obras abstractas. El proyecto comenzó a tomar forma al iniciar la década siguiente, incrementado por la impresión del viaje de Pirovano a Oriente y los contactos que estableció en Europa con el escultor argentino Sesostris Vitullo y el pintor belga Georges Vantongerloo, así como por la radicación de Maldonado a mediados de los cincuenta en Ulm, Alemania, para sumarse como docente a su escuela de diseño considerada una “nueva Bauhaus”. La correspondencia entre ambos revela la avidez de Pirovano por incluir entre sus posesiones a los grandes referentes de la abstracción, como Mondrian o Kandinsky. No obstante, y tal como ocurría en muchísimos procesos de coleccionismo, la variable de la disponibilidad terminaría imponiéndose, debiendo saldar sus ansias de nombres célebres con obra múltiple. Los representantes argentinos de la abstracción, por otra parte, se incorporarían de modo orgánico a esta colección, que no privilegiaba los recortes nacionales sino exhibir el relato heroico del arte moderno. Más allá de la influencia de Maldonado, García explica cómo la colección siguió acrecentándose en las décadas subsiguientes para integrar las nuevas vertientes de la abstracción como el arte generativo, cinético y óptico. La riqueza de las obras que dialogan en la catalogación razonada es testimonio de este proceso.

 

Por su parte, Marcelo Pacheco dedica su ensayo a reconstruir el proceso que permitió a Pirovano, entre el registro biográfico y la experiencia visual disponible para un porteño de la elite atento e involucrado con el devenir artístico, su empatía con las expresiones concretas de los cuarenta. Las trayectorias de Emilio Pettoruti, Lucio Fontana y Juan del Prete, y el impacto que pudieron haber tenido en el mirar abstracto de Pirovano, de cuya colección se encuentran significativamente ausentes, constituyen los ejes de su artículo.

 

A continuación, y en consonancia con el diálogo virtuoso que se ha establecido en las últimas décadas entre historia del arte y los estudios sobre materialidad, el artículo de Pino Monkes se ocupa de los materiales y las técnicas implicadas en las obras de la colección. Monkes rastrea los soportes de harboard, terciado o cartón, el uso esmaltes industriales, el pulido de fondos, las incisiones, las cintas adhesivas y tiralíneas, que se incorporan al repertorio técnico de estos artistas en su búsqueda por “expresarse a través de una elementalidad formal” que resultó en “una practicidad operativa sin precedentes”. No obstante, también señala cómo varios de ellos, Maldonado y Alfredo Hlito en particular, luego de sus exploraciones invencionistas con materiales nóveles volvieron a pintar sobre lienzo. Las fotografías y análisis de laboratorio, revelan así los modos de trabajo de los artistas, en muchos aspectos en estrecho diálogo con aquellos de sus referentes europeos. El catálogo es generoso además en fotografías detalladas que dejan translucir algo de las huellas manuales en obras que buscaban, precisamente, visibilizarlas.

 

El texto de Hugo Pontoriero se ocupa de la faceta de Pirovano como primer director del Museo de Arte Decorativo entre 1937 y 1955. Concebido como un “museo de estilos” ­–en consonancia con la museología de la época­– cada sala del palacio adquirido a la familia Errazuriz funcionaba como un muestrario de los distintos estilos decorativos franceses. Sin embargo, y en la tónica del espíritu de conciliación que distinguía al coleccionista, en el reciente MNAD también hubo lugar para las culturas originarias así como para intentar reunir objetos de diseño contemporáneo, aspiración que sería concretada por su sucesor. La pertenencia de clase de Pirovano fue un rasgo sustancial, tal como señala Pontoriero, para conseguir donaciones. Durante su gestión, estas fueron no sólo pródigas sino también excepcionales en su valor artístico. Por otra parte, su vínculo fluido con el primer peronismo lo llevó a dar cabida a la célebre exposición de los trajes españoles regalados a Evita y a prestar objetos para decorar los salones de recibo de la Primera Dama.

 

Por último, Gustavo Quiroga analiza el impulso que Pirovano dio al diseño desde la empresa Comte, la que logró apaciguar los deseos de la elite argentina por lo importado para comenzar a consumir sofisticados objetos de design y ambientaciones que eran ahora de fabricación nacional. El departamento de Pirovano, acondicionado por su amigo Amancio Williams, resultaría modélico en ese sentido.

 

En suma, Legado Pirovano es un valioso proyecto que involucra a investigadores externos, especialistas invitados y al personal que trabaja día a día en las salas, archivos y reservas del Museo de Arte Moderno. Las investigaciones de “dentro de y de afuera”, el saber de historiadores de arte, conservadores, museólogos, archivistas, bibliotecarios, se dan cita en este trabajo que esperamos sea continuado por muchos otros. Ojalá se multipliquen los proyectos que cataloguen y estudien las colecciones que dieron origen y engrandecieron a los museos de nuestro país. Y lo más importante, que sirvan de estímulo a aquellas colecciones que se están formando para que continúen pensando a los museos como el lugar para trascender y alcanzar su destino público.

Cómo citar correctamente el presente artículo?


María Isabel Baldasarre; «

Legado Pirovano: la colección Ignacio Pirovano en el Moderno. Buenos Aires, 2017, 320 pp. ISBN 978-987-1358-51-9

» .
En Caiana. Revista de Historia del Arte y Cultura Visual del Centro Argentino de Investigadores de Arte (CAIA).
N° 12 | Año 2018 en línea desde el 4 julio 2012.

URL: http://caiana.caia.org.ar/template/caiana.php?pag=books/book.php&obj=314&vol=12

ver número