Caiana Revista académica de investigación en Arte y cultura visual

Caiana Nro18

Renato González Mello y Deborah Dorotinsky Alperstein


El modulor y el gallinero

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En julio de 1932, el poeta Salvador Novo, editor en jefe de la revista El maestro rural, publicó un artículo titulado “El fin concreto de la escuela rural”.[1] El texto está ilustrado con cuatro dibujos esquemáticos de figuras masculinas dentro de recuadros: siluetas recortadas en blanco contra un espacio negativo que las rodea (Figs. 1 y 2). Novo es enfático respecto a la necesidad de poner un alto a la retórica en torno a la educación rural y transmitir a los maestros en el campo una serie de ideas claras, concretas y prácticas para mejorar las condiciones materiales de vida de las comunidades. “No más teorías”, reclamaba Novo. A partir de ese día, se harían concursos para verificar el trabajo de los maestros a todo lo largo y ancho de la República. ¿Por qué, entonces, usó estos dibujos esquemáticos, en realidad nada concretos ni prácticos, para ponderar el papel de la educación rural?

 

En este artículo trataremos de mostrar las relaciones entre las doctrinas educativas y las prácticas de diseño arquitectónico para las escuelas mexicanas de la posrevolución.[2] Tanto unas como otras tenían nodos de intensa discusión local, pero se referían con frecuencia a disputas y prácticas mundiales bastante álgidas. Hemos evitado los discursos de los ministros de educación, para atender la discusión entre las capas intermedias de la burocracia, los intelectuales y los arquitectos. Como se verá en las conclusiones, si se mira más abajo de los discursos políticos, siempre llenos de cuidadosas prevenciones, en lo publicado por esa élite educativa hay ideas rectoras importantes; pero lejos de una doctrina completamente coherente aparece una verdadera matriz de contradicciones.  En particular, explicaremos las dimensiones muy distintas de la reflexión de Novo sobre el cuerpo, la escuela y las sociedades campesinas.

 

El artículo de Novo se refiere sistemáticamente a la doctrina educativa promovida por Narciso Bassols, y toma ejemplo de varios paradigmas pedagógicos progresistas, en particular de las propuestas de John Dewey, quien enfatizó el aprendizaje a través de la experiencia práctica.[3] Novo rechaza la educación “libresca”, y se declara a favor de la organización y construcción de gallineros y parcelas escolares como sitios privilegiados de construcción de conocimiento científico. Pero sus ilustraciones tienen otra fuente y revelan una dimensión problemática en su pensamiento: las ilustraciones de estándares arquitectónicos. La relación de estas imágenes con el texto es bastante compleja. Postularemos que puede entenderse en un contexto intelectual muy atento a los métodos de trabajo de la biotipología y la eugenesia.[4]

 

El uso de ilustraciones en El maestro rural no es casual: era parte de una política sistemática. La Secretaría de Educación Pública (SEP) producía fotografías masivamente: algunas las encomendaba a fotógrafos profesionales, y otras más las pedía a los propios maestros, inspectores y directores de escuela. Ese material se utilizaba para distintos trámites y abundaba en las páginas de El maestro rural y en otras publicaciones. También utilizaba ilustraciones realizadas por una plana amplia de dibujantes; algunos de ellos artistas formados en la Escuela Central de Artes Plásticas (nombre que en esos años tenía la antigua Academia de San Carlos que luego fue Escuela Nacional de Bellas Artes), y que obtuvieron amplio reconocimiento, como Francisco Díaz de León o Gabriel Fernández Ledesma; otros que siguen en el anonimato hasta la fecha. El impacto de la cultura visual generada desde la SEP puede verse fuera de las oficinas: en los murales de Diego Rivera y en las películas que narran la epopeya de los maestros (Fig. 3). Como secretario particular de Bassols y redactor de El maestro rural, Novo contaba con un copioso acervo de imágenes idóneas para ilustrar el pragmatismo radical de su artículo: fotografías de escuelas en proceso de construcción por la comunidad, imágenes de los huertos escolares que se pueden contar por los centenares o miles.[5]  ¿Qué lo llevó a utilizar en cambio esas siluetas humanas supuestamente abstractas, tan semejantes al malogrado Modulor de Le Corbusier? (aunque muy anteriores, porque el Modulor se desarrolló en 1947 y se publicó en 1948).[6]

 

En realidad, las siluetas tienen su propia genealogía. Ilustraciones semejantes habían aparecido en manuales de dibujo arquitectónico como el norteamericano Architectural Graphic Standards(AGS), de Ramsey y Sleeper (1932). Las pequeñas siluetas o figuras humanas muy esquematizadas permitían mostrar la relación entre las proporciones anatómicas, los espacios y el mobiliario. Además de ese argumento de diseño, la simplificación radical de la figura humana remitía a una suposición implícita sobre la universalidad de las proporciones.[7] Los dibujos sobre las proporciones entre el cuerpo humano y el mobiliario, los vanos, ventanas y otras partes de la arquitectura aparecieron publicados hasta 1941, si bien las revistas Pencil Points y American Architect and Architecture publicaron otras semejantes desde los años veinte.[8] Ese es el caso de una de las láminas de la primera sección del AGS en su edición de 1941, que enfatiza la relación del cuerpo humano con la geometría y ha sido atribuida a Ernest Irving Freese quien, según Lance Hosey, la publicó en 1934 en American Architect (Fig. 4). Freese recurrió a la silueta para recuperar las proporciones humanas, un recurso que tenía precedentes en el “esquematógrafo” de E. P. Lesley y la fisióloga Clelia Duel Mosher, una cámara oscura para evaluar la salud de la columna vertebral (Fig. 5).[9]

 

Esta preocupación por la ergonomía –y por las relaciones del cuerpo con el mobiliario y el espacio– no era desconocida en México, como lo muestra el diseño de mesabanco de 1924 que se encuentra en el Archivo Histórico de la SEP y que fue parte de un esfuerzo para mejorar significativamente el mobiliario escolar (Fig. 6). Sin embargo, las medidas de los estándares arquitectónicos estaban basadas en la población norteamericana y alemana. Como explica Lance Hosey, la representación del cuerpo humano en el AGS revela un sesgo tanto racial como sexista al tomar al cuerpo del hombre blanco como representativo de toda la población. Esta elección implicó un modelo muy restrictivo para pensar –y planear– un edificio y la manera en la que el cuerpo lo podía habitar.[10]  Pero no debe pensarse que la reflexión, al menos en México, se haya limitado a esa forma de representación de la anatomía. Según Xavier Guzmán Urbiola, entre 1935 y 1940 el arquitecto Carlos Leduc realizó una serie de tablas con medidas y, junto con Domingo García Ramos, sugirió que se llevaran a cabo mediciones antropométricas de niños mexicanos para poder utilizarlas en un diseño de escaleras, puertas, muebles y baños.[11] Estudios antropométricos semejantes los realizó José Gómez Robleda y los publicó en 1937 en Características biológicas de los escolares proletarios:

 

"La investigación antropométrica se orientó con el propósito definido de hallar las características morfológicas (medidas absolutas y relativas) de los niños observados, sin que esto implique preocupación alguna por los problemas raciales […]. Nos propusimos, en consecuencia, estudiar el mayor número de datos cuya utilidad es indiscutible para los fines educativos (construcción de mobiliario, ropa de los escolares, locales, etc.) […]".[12]

 

Es posible que las esquemáticas representaciones de cuerpo en el espacio elegidas por Novo y sus ideas sobre los mejores aprovechamientos, la salud y la mejor adaptación al medio fueran un antecedente de las reflexiones que siguieron presentes para 1937 en el Departamento de Psicopedagogía Médico Escolar de la SEP al que pertenecía Gómez Robleda. 

 

El uso de dibujos en línea muy simples y la silueta del cuerpo humano no fue asunto aislado y no se limitaba a las técnicas del diseño. Aparece también en las ilustraciones de El maestro rural como la que se enseña, donde se aprecia en un dibujo siluetado en negro, el aula con los alumnos repartidos en sus mesabancos y el profesor en el podio (Fig. 7). Esos recursos también se utilizaron en las xilografías para las portadas de la revista Ruta en 1933, como ha señalado Claudia Garay Molina.[13]

 

Las cuadrículas para expresar las dimensiones del cuerpo humano tuvieron en la primera mitad del siglo XX un uso específico (Fig. 8): desde la antropología física, en particular la antropometría, estas mediciones constantes del cuerpo pretendían determinar el desarrollo de los individuos en sus contextos sociales para proponer medidas preventivas y correctivas.[14] La imagen del artículo de Novo refiere en forma difusa a ese proyecto de intervenir en las condiciones que evitan que el cuerpo –campesino y obrero– logre su pleno desarrollo. Ya las instituciones educativas del porfiriato medían a los escolares para poder hacer estudios estadísticos de su crecimiento y desarrollo.[15] En los años veinte, ya creada la SEP e instaurados departamentos como el de Psicopedagogía e Higiene, se consideró fundamental hacer tipologías de los educandos basadas en mediciones corporales: proponer un tratamiento para problemas de salud como la escoliosis, y asegurar un ritmo de crecimiento “sano”. Dos saberes en México se ocuparon particularmente de atender a la población infantil: la eugenesia, una corriente con pretensiones científicas que aspiraba a convertirse en una profilaxis para favorecer el nacimiento de “mejores niños”, en los años veinte y treinta; y la Biotipología, importada a México de la vertiente italiana de Giacinto Viola y Nicola Pende. Esta última tuvo un extenso impacto en nuestro país durante los años treinta y cuarenta, sobre todo a partir de la llegada de la antropóloga física Ada D’Aloja, alumna directa de la escuela biotipológica italiana.[16] Bassols, y a partir de su gestión también la SEP, se mantuvieron cerca de ambas corrientes: con los eugenistas Bassols planeó su proyecto de educación sexual; y los biotipólogos como José Gómez Robleda interactuaron desde la propia Secretaría para los proyectos de atención diferenciada a los sectores sociales, incluyendo a la población urbana y rural. El propio Gómez Robleda retomó las ideas de Nicola Pende para explicar de qué manera los órganos, la psique, la estructura ósea y muscular –módulos del cuerpo humano– constituían tipos determinados de individuos de los que se podía predecir ciertos tipos de enfermedades, reacciones psicológicas y anímicas, y procurar el desarrollo de su potencial y desempeño laboral.

 

Además de todos estos antecedentes, pensamos que la fuente más probable de los dibujos que incluye Novo en su texto es la obra de Émile Jaques-Dalcroze, The Eurhythmics of Jaques-Dalcroze (Figs. 9 y 10).[17] Este texto fue bien conocido en los medios intelectuales por el intento que hizo Carlos Mérida de implantarlo como método de enseñanza de la danza en México también en los años treinta.[18] Sospechamos que la noción de euritmia, referida a las relaciones correctas entre partes, afectaba tanto a los conceptos del desarrollo del cuerpo humano, su ejercitación y su ortopedia a través de la escuela, como a las nociones de la arquitectura escolar, sus partes y las funciones de las mismas.[19] La obra del propio Mérida registraría, algunos años después, el impacto formal y conceptual de las ideas de Jacques-Dalcroze sobre la rítmica (Fig. 11). El asunto se vuelve más complejo, pues si la relación entre los estándares arquitectónicos y las ideas educativas era más bien indirecta, la que pudieran tener la danza y los gallineros escolares es nula. Pensamos que el asunto debe resolverse de tres maneras. Por una parte, en el impulso –muy visible en las publicaciones de la SEP en esos años– de establecer tipos de construcciones, tipos de instalaciones, incluso mobiliarios-tipo. Esto debe ponerse en relación con las ideas de administración científica que dieron lugar a los estándares arquitectónicos que se estaban haciendo en todo el mundo. Esto obliga a reflexionar sobre la evolución de la noción de “módulo”, que llega al siglo XX con características muy distintas a las que tiene en el arte clásico. En segundo lugar, en las contradicciones de la cultura mexicana de esos años, de las que Salvador Novo es un ejemplo casi insuperable (pues hay pocas explicaciones válidas para que este enemigo vociferante de las ideologías nacionalistas escribiera los editoriales de El maestro rural). Finalmente, nos preguntaremos sobre las consecuencias de este sistema de contradicciones tanto en el sistema educativo como en la estética nacionalista, que probablemente tenga algunas características más complejas de las que suelen concederse.

 

En la primera época de El maestro rural, prácticamente todos los números contienen el croquis de alguna construcción-tipo –por cierto, casi todos semejantes a los estándares del dibujo arquitectónico codificados por el AGS. Es así que en el primer número, de marzo de 1932, se publica una casa tipo para campesino, y quince días después aparece el croquis de unos “excusados higiénicos”, una de las obsesiones de la élite educativa mexicana que en esos mismos años estaba viviendo las modificaciones en el diseño de baños y cocinas dentro de las casas habitación modernas (Fig. 10).[20] Aparecen también propuestas gráficas para edificar gallineros y sillones, como ampliaciones de este esfuerzo por estandarizar el diseño de mobiliario moderno y extenderlo incluso al campo mexicano. El gallinero “tipo” otra propuesta de estandarización de espacios agrícolas desde la SEP, aquí en respuesta a la propuesta de Novo y publicado 15 días después que el texto sobre el Plan para la Escuela Rural (Fig. 11)El maestro rural incluía una sección de “organización escolar”, que llegó a publicar incluso un diagrama de flujo para explicar las relaciones entre los deseos concretos del niño y la organización supuestamente “matemática” de la enseñanza (Fig. 12).

 

En este contexto, el artículo de Salvador Novo asevera:

 

"Todo individuo que vive en sociedad se encuentra sujeto a multitud de represiones, de limitaciones de toda índole (morales, geográficas, económicas) que impone a cada vida particular el sistema social dentro del que esa vida ha nacido y se desarrolla. Podemos imaginar al hombre metido dentro de una cuadrícula que forman las conveniencias sociales, y en la que una celdilla correspondiera a cada individuo. El desarrollo máximo de expresión de cada uno lo dará, dentro del sistema social que rija, la capacidad máxima de esa celdilla, por lo que se refiere al libre juego de su economía" (Figs. 1 y 2).[21]

 

Las contradicciones de Salvador Novo son notables, pues son estos añosde su colaboración con El maestro rural, los que dan lugar a sus poemas más distantes del nacionalismo, pero también –y con frecuencia de manera muy concreta–, más desconfiados de la disciplina escolar. Espejo, publicado en 1933, puede leerse como un verdadero catálogo de provocaciones escolares; es imposible no recordar, ante las efusiones de responsabilidad pedagógica del secretario particular Novo, al Novo poeta de “El amigo ido”:

 

"Me escribe Napoleón:

'El Colegio es muy grande,

nos levantamos muy temprano,

hablamos únicamente en inglés,

te mando un retrato del edificio...'

 

Ya no robaremos juntos dulces

de las alacenas, ni escaparemos

hacia el río para ahogarnos a medias

y pescar sandías sangrientas."[22]

 

Estas dos estrofas hacen eco de las condiciones opresivas que Novo ensayista presenta en “El fin concreto de la escuela rural”. El individuo, “sujeto a multitud de represiones”, el “hombre metido dentro de una cuadrícula que forman las conveniencias sociales”.[23]  Y también en ese ámbito supuestamente más estructurado que el de la poesía, el todavía joven ensayista y funcionario piensa que toda esa disciplina intelectual es más bien inútil para “los campesinos”. La SEP, decía Novo, “Debe exigir que se acaben los discursos y las teorías, y que de hoy en adelante la labor de los maestros se traduzca en beneficio real, material, palpable, mesurable en la vida de los campesinos”.[24]

 

En fin, “El amigo ido”, aunque recoge experiencias personales dolorosas, también deja ver una reflexión integral y bastante compleja. Concluye con una denuncia de la escuela (la tradicional y la nueva): “Pero si tengo un hijo haré que nadie nunca le enseñe nada”.[25]

 

En los poemas que Novo publicó en 1933, pero que de muchas maneras referían a su propia experiencia escolar, como en “La Escuela”, los profesores son personajes hostiles y autoritarios –“el profesor no me quiere;/ ve con malos ojos mi ropa fina/ y que tengo todos los libros”–, los otros niños son lejanos –“No sabe que se los daría todos a los muchachos/ por jugar con ellos, sin este pudor extraño que me hace sentir tan inferior...”–.[26] De manera un poco sorprendente, sin embargo, en “La Geografía” el espacio escolar aparece como una suerte de juguete, y además como refugio ante las amenazas del exterior:

 

"Con estos cubos de colores

yo puedo construir un altar y una casa,

y una torre y un túnel,

y puedo luego derribarlos.

Pero en la escuela

querrán que yo haga un mapa con un lápiz

querrán que yo trace el mundo

y el mundo me da miedo."[27]

 

Tal vez no podamos pedirle una coherencia absoluta a un autor que no buscó esa coincidencia entre todas sus palabras a lo largo de su vida. Es imposible soslayar, ante sus palabras angustiosas –abiertamente en algunos de sus poemas, sutilmente en sus ensayos como funcionario–, que Novo hacía pública –no explícita– su identidad homosexual mediante gestos que ocupaban un lugar ambiguo entre lo público y lo privado: sacar la polvera “en público”, distribuir sus poemas satíricos entre sus conocidos.[28]  En este sentido, pensamos que las ilustraciones del ensayo, muy simplificadas pero por eso mismo significativas, podrían ser un intento para mediar los mundos muy distintos de Salvador Novo, y para ello se requiere ahora hacer una reflexión sobre esas siluetas anónimas. Regresemos a los arquitectos y sus ideas.

 

Refutando explícitamente las ideas de Le Corbusier, Mark Wilson Jones reseña los orígenes del módulo clásico –un sistema de medidas relacionado con los elementos del templo dórico–, pero niega que haya sido un sistema abstracto que se impusiera sobre los edificios a partir de sus elementos constructivos. Le parece más bien probable que se haya derivado de la decoración de los templos –que fuera de los triglifos a los plintos, y no al revés–. Subraya, además, que la “simetría” griega requería que las formas, las medidas y los elementos constructivos coincidieran, y no que necesariamente se subordinaran unos a otros.[29] En ese sentido, las elucubraciones de Le Corbusier, que en un estudio reciente Wilson Jones ha intentado ligar a la simbología masónica, se asemejan a las obras y los textos de numerosos intelectuales del siglo XX que elaboraron versiones tardías y conservadoras de sus primeras fórmulas: al Freud que sometió la energía libidinal a las reglas del teatro clásico, según la crítica de Déleuze y Guattari, o al Picasso de los ballets, analizado con rigor por Rosalind Krauss.[30] Más aún: según los especialistas, no hay pruebas de que los griegos hicieran planos de sus edificios, o de que consideraran que su sistema de medidas era una máquina abstracta que luego pudiera imponerse sobre los edificios.

 

Lo señalaba Paul Valéry en su famoso Eupalinos o el arquitecto, que Mario Pani tradujo al español y publicó en 1939:

 

"¡Oh, mi cuerpo, que me recuerdas a cada instante ese temperamento de mis tendencias, ese equilibrio de tus órganos, esas justas proporciones de tus distintas partes [...] cuida de mi obra; ¡enséñame calladamente las exigencias de la naturaleza y comunícame ese gran arte de que estás dotado, esencia tuya, de sobrevivir a las estaciones y librarte del azar [...]!" [31]

 

Aunque la geometrización y la tipología son lo primero que viene a la mente, hay aquí un sentido contrario: pareciera una geometría que regresa al cuerpo humano, se hace a la medida del cuerpo, y que es este último el que impone sus condiciones. Ese es el sentido que pretendían los estudios antropométricos como los de Gómez Robleda: que las condiciones para el diseño –arquitectónico, de mobiliario o incluso de uniformes– las dictaran las medidas de cuerpos concretos de los niños proletarios mexicanos.

 

Las imágenes del artículo de Novo podrían parecer instrumentales y simplificadoras. Pero Novo no era arquitecto, y al utilizar este género de ilustración técnica puso en evidencia que las imágenes eran el campo donde se confrontaban tendencias y alternativas opuestas, tanto como ocurría en los edificios escolares de los que se hablaba o en las propias prácticas educativas. No todos esos problemas eran muy explícitos –la identidad de género de Novo no es un problema que se aborde en El maestro rural–, pero todos son relevantes y tienen una larga historia. La publicación de estas ilustraciones en México hace pensar que forman parte de un proceso más amplio de modernización; una en la que no todos los problemas y propósitos se explican claramente. Esto confirma las hipótesis de especialistas como Guillermo Palacios, que postula una orientación productivista e industrial para las políticas educativas de principios de los años treinta.[32] Pero existe otra dimensión para imaginarse a esta élite de educadores, literatos, ilustradores y medidores de gente: la del “colonialismo interno”.[33] Aunque su ejercicio de encuadramiento es menos lineal de lo que pudiera pensarse a primera vista, no deja de ser irónico que se trate de un grupo de burócratas, poetas, artistas e intelectuales que pretende enseñarles a los hijos de los campesinos cómo se pone un gallinero y cómo se siembra una parcela.

 

Imposible no remitirnos, para concluir, a los debates actuales en México en torno a la reconstrucción de escuelas dañadas por los terremotos de 2017, pero también a la “modernización”, una vez más, del sistema educativo mexicano.[34] Más de ochenta años después, muchos de los problemas referidos conservan su vigencia; y a este respecto es emblemático el episodio ocurrido en la ciudad oaxaqueña de Juchitán, donde las autoridades federales ofrecían un edificio “moderno” para reemplazar la escuela destruida por los sismos. La comunidad exigió que la escuela fuera reconstruida “como estaba”.[35] Quizás lo más inquietante, en dos siglos tan distintos, sea la ambivalencia de las posiciones ideológicas en torno a la escuela.

 

Episodios como éste atestiguan que las comunidades a las que se destinaban estos complejos proyectos arquitectónicos tuvieron cualquier cosa menos una actitud pasiva; que se apropiaron de los proyectos enviados desde la capital, los habitaron y emplearon a veces en forma diferente a la imaginada por los secretarios, subsecretarios, secretarios particulares y arquitectos. No hay duda sobre la necesidad de conocer mejor y conservar el patrimonio arquitectónico escolar del siglo XX mexicano, seriamente dañado en los terremotos de septiembre de 2017. También debe recuperarse la seriedad, la responsabilidad y el entusiasmo de los actores de la educación mexicana en el siglo XX, pero hacerlo sin un sentido crítico, por el contrario, los traicionaría.

 

Cómo citar correctamente el presente artículo?

Notas

[1] Salvador Novo, “El fin concreto de la escuela rural”, en: El maestro rural, tomo 1, n°9,1 de julio de 1932, pp. 3-5.

[2] En este artículo trataremos de resolver algunos de los problemas encontrados durante un proyecto colectivo de investigación que coordinamos entre 2003 y 2009 y en el que participó un grupo de estudiantes de las licenciaturas en Historia, Filosofía y Arquitectura. En sus distintas etapas el equipo de “Taller 32” estuvo integrado por: Ana Carolina Abad, Ignacio Aguirre Rodríguez, Magdalena Andrade Briseño, Diana Bringas López, Liliana Carachure Lobato, Natalia de la Rosa, Claudia Garay Molina, Ernesto Leyva, Haydee López Hernández, Gabriela Mejía Beltrán, Mariza Mendoza Zaragoza, Evelin Pérez Arriaga, Rosalía Ruíz Santoyo, Mariana Sáinz Pacheco, Amapola Sánchez Suárez del Real, Mauricio Sosa Castañeda, Ariadna Patiño Guadarrama, José Alonso Salas y Daniel Vargas Parra. El proyecto recibió apoyo de la DGAPA, UNAM proyecto PAPIIT IN403906-3. Pueden consultarse los antecedentes en Taller 32, Utopía/No Utopía.La Arquitectura, la enseñanza y la planificación del deseo, México, Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, 2005 [Catálogo]; Deborah Dorotinsky y Renato González Mello (coords.), Encauzar la mirada: Arquitectura, pedagogía e imágenes en México 1920-1950, México, IIE-UNAM, 2010; Natalia de la Rosa “La pragmática arquitectónica, 1924-1929. Construcción Escolar en el régimen callista”, en: Axel Arañó (ed.), Arquitectura Escolar SEP 90 años, México, SEP/CONACULTA/Fragonard 70 S.C., 2011, pp. 74-79; Claudia Garay Molina, “De Estridentópolis a la Ciudad Roja. La ruta hacia una literatura y una gráfica proletaria”, en: Anthony Michael Stanton y Renato González Mello (eds.), Vanguardia en México 1915-1940, México, INBA-MUNAL, 2013, pp. 172-183.

[3] Véase por ejemplo John Dewey, The School and Society, Chicago, The University of Chicago Press, 1915, p. 8, http://archive.org/details/schoolsociety00dewe: “Ninguna cantidad de lecciones temáticas, organizadas como lecciones temáticas con el objetivo de brindar información, puede igualar ni siquiera la sombra de algo equivalente a la familiaridad con las plantas y animales de la granja y el jardín adquiridas a través de la vida y cuidado de los mismos”.

[4] Deborah Dorotinsky, “Para medir el cuerpo de la Nación: antropología física y visualidad racialista en el marco de recepción de la biotipología en México”, en: Marisa Miranda y Gustavo Vallejo (dirs.), Una historia de la eugenesia: Argentina y las redes biopolíticas internacionales, Buenos Aires, Biblos, 2012, pp. 331-365.

[5] Entre 2003 y 2007, el equipo al que nos referimos en la nota 2 realizó una revisión bastante amplia del Archivo Histórico de la SEP, donde en efecto son muy abundantes los informes ilustrados y el material gráfico. Desafortunadamente, dicho acervo fue cerrado. Después de algunas peripecias administrativas acabó bajo el resguardo del Archivo General de la Nación, donde se encuentra pendiente de catalogación definitiva. Muchos de los materiales referidos pueden encontrarse en las publicaciones que citamos en la nota anterior, y además en las tesis de las y los estudiantes del equipo, disponibles en el sitio Tesiunam, http://tesis.unam.mx. Véase asimismo Deborah Dorotinsky, “Visualidad, identidad y (trans-)nación. Imágenes de la niñez dentro del proyecto de educación rural en México en los años treinta”, en: Ingrid Kummels (ed.), Espacios mediáticos. Cultura y representación en México, Berlín, Editorial tranvía, Verlag Walter Frey, 2012, pp. 123-153.

[6] Le Corbusier, El modulor: ensayo sobre una medida armónica a la escala humana, aplicable universalmente a la arquitectura y a la mecánica, trad. Rosario Vera, Buenos Aires, Poseidón, 1953, pp. 47-195. Véase “Fig. 3” en la versión en línea del arquitecto Manuel Franco Taboada, https://ruc.udc.es/dspace/bitstream/handle/2183/5278/ETSA_20-6.pdf;jsessionid=C00380E8350AC0CA26F0D0A8547F8E8D?sequence=1.

[7] Charles George Ramsey y Harold Reeve Sleeper, Architectural Graphic Standards: for architects, decorators, builders and draftsmen, Nueva York y Londres, John Wiley & Sons, 1932. Consultamos la 2ª edición, de 1936, en el Fondo Reservado de la Biblioteca Francisco Xavier Clavijero-UIA, Colección Ignacio Guzmán Betancourt.

[8] Estas dos revistas incorporaron en los dibujos que publicaron muchos de los estándares gráficos para el dibujo arquitectónico. Charles Ramsey y Harold Sleeper trabajaban para la firma del arquitecto Frederick L. Ackerman; como dibujante en jefe el primero y como escritor de especificaciones el segundo. Es notable el papel que jugó Ackerman en el establecimiento de estándares arquitectónicos y la consolidación de una cultura del “dibujo arquitectónico” para una arquitectura eficiente a lo largo de su carrera. Sobre el papel del trabajo de Ackerman en el AGS véase: George Barnett Johnston, Drafting Culture. A Social History of Architectural Graphic Standards, Cambridge MA. y Londres, MIT Press, 2008, pp. 95-133 y en particular la página 125.

[9] Lance Hosey, “Hidden Lines: Gender, Race, and the Body in Graphic StandardsJournal of Architectural Education, 52/2, noviembre de 2001, pp. 101 y 109. Ver también Clelia Duel Mosher, The Schematogram: A New Method of Graphically Recording Posture and Changes in the Contours of the Body, Garrison, N.Y., The Science Press, 1915.

[10] Lance Hosey, “Hidden Lines: Gender, Race, and the Body in Graphic Standards”, Journal of Architectural Education, 52/2, noviembre de 2001, p. 101.

[11] Xavier Guzmán Urbiola, “Los años radicales, 1930-1940”, p. 179.

[12] José Gómez Robleda, Características biológicas de los escolares proletarios, México, SEP-Departamento de Psicopedagogía Médico Escolar-Instituto Nacional de Psicopedagogía, 1937, p. 8.

[13] Claudia Garay Molina, “Grupo artístico literario noviembre y la revista Ruta 1933-1938”, tesis de maestra en Historia del Arte, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM 2013. La imagen a la que nos referimos es de Julio de la Fuente y apareció en la portada de ruta en 1933 y puede apreciarse en Vanguardia en México 1915-1940, p. 180.

[14] En ese sentido es que Gómez Robleda aclara que merece particular atención el concepto de “normalidad”, ya que “según nuestro criterio, el individuo normal corresponde exclusivamente a una abstracción pura, carente de realidad objetiva… es más justo considerar en situación extrema, al sano y al enfermo y no al normal frente al anormal: de aquí que, mientras que un individuo permanezca adaptado a la vida en sociedad y además esté capacitado para desarrollar una actividad útil a la comunidad, debe considerarse como sano, independientemente de que presente algunas alteraciones. Tal fue el concepto que nos sirvió de base para determinar el estado de salud de los niños observados”. Gómez Robleda, Características biológicas de los escolares proletarios, pp. 8-9.

[15] Alberto del Castillo, Conceptos, imágenes y representaciones de la niñez en la Ciudad de México, 1880-1920, México, El Colegio de México, Centro de Estudios Históricos / Instituto Mora, 2006.

[16] Johanna Faulhaber, “Ada D’Aloja”, en Lina Odena Güemes y Carlos García Mora (coords.) La antropología en México. Panorama histórico, tomo 9, “Los protagonistas (Acosta-Dávila)”, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1988, pp. 621-624.

[17] Émile Jaques-Dalcroze, The Eurhythmics of Jaques-Dalcroze, Londres, Constable & Company Ltd., 1912.

[18] Rosalía Ruiz Santoyo, “La Escuela de Danza en México y el método Dalcroze”, tesis de licenciatura en Historia, México, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, 2006.

[19] La euritmia, que de acuerdo con la Academia española es la “buena disposición de las partes en una obra de arte” (http://dle.rae.es/?id=H6EEMsK), fue la noción central en la pedagogía de Jacques-Dalcroze. Definió las tareas del alumno de su academia de Hellerau de la siguiente manera: “Complacerse en la belleza del cuerpo, entrenar su mente para moverse con gracia y armonía lo mismo en sí mismo como en su relación con quienes lo rodean; finalmente, volver rítmica su vida entera”. Michael T. H. Sadler, “The Value of Eurhythmics”, en Jacques-Dalcroze, op.cit., p. 63.

[20] Hugo Palmarola, “Análisis cultural sobre la tecnología doméstica en el cine mexicano de la Época de Oro”, tesis para obtener el grado de Doctor en Estudios Latinoamericanos, México, Facultad de Filosofía y Letras-UNAM, 2018.

[21] Salvador Novo, “El fin concreto de la escuela rural”, op. cit., pp. 3-5.

[22] Salvador Novo, “El amigo ido”, en Espejo. Poemas Antiguos (edición facsimilar 2004, tomada de la biblioteca de Alí Chumacero del original impreso en México por el Taller de la Mundial), México, Instituto Nacional de Bellas Artes, 1933, p. 25.

[23] Salvador Novo, “El fin concreto de la escuela rural”, op. cit., p. 3.

[24] Ibid., p. 4.

[25] Salvador Novo, “El amigo ido”, op. cit., p. 26.

[26] Salvador Novo, “La Escuela”, op. cit.pp. 19-20.

[27] Salvador Novo, “La Geografía”, op. cit., p. 7.

[28] Las contradicciones de Novo son el tema central del ensayo de Carlos Monsiváis, Salvador Novo: lo marginal en el centro, México, Ediciones Era, 2000. Ver también Robert McKee Irwin, Mexican Masculinities, Minneapolis, University of Minnesota Press, 2003 y Renato González Mello, “El amor de los camaradas. Una hipótesis sobre el populismo, la virilidad”, en: Josefina MacGregor (ed.), Miradas sobre la nación liberal, 1848-1948: proyectos, debates y desafíos, Mexico, UNAM, 2010, pp. 235-256.

[29] Véase Mark Wilson Jones, “Doric measure and architectural design 1: The evidence of the relief from Salamis”, American Journal of Archaeology, vol. 104, n°1, 2000, pp. 73-93; del mismo autor “Doric measure and architectural design 2: a modular Reading of the classical temple”, American Journal of Archaeology, vol.105, n° 4, octubre de 2001, pp. 675-713.

[30] Gilles Deleuze y Félix Guattari, El Anti Edipo: capitalismo y esquizofrenia, Barcelona, Paidós, 1995, pp. 59-110; Rosalind E. Krauss, Los papeles de Picasso, Barcelona, Gedisa, 1999.

[31] Paul Valéry, Eupalinos o El arquitecto, trad. Mario Pani, México, Cultura, 1939, p. 46.

[32] Guillermo Palacios, La pluma y el arado. Los intelectuales pedagogos y la construcción sociocultural del “problema campesino” en México, 1932-1934, México, El Colegio de México, Centro de Investigación y Docencia Económicas, 1999.

[33] Pablo González Casanova, La democracia en México, México, Ediciones Era, 1965, pp. 89-126.

[34] Los planteamientos contrapuestos sobre la reforma educativa pueden verse en Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, sección 22, Oaxaca, and Centro de Estudios y Desarrollo Educativo de la Sección XXII, “Bases para una Propuesta de Educación Alternativa [Documento de Trabajo],” marzo de 2017, http://www.cencos22oaxaca.org/wp-content/uploads/2017/05/Bases-para-un-proyecto-alternativo-CNTE.pdf; Secretaría de Educación Pública, “El Modelo Educativo 2016,” 2016, https://www.sep.gob.mx/work/models/sep1/Resource/8007/1/images/modelo_educativo_2016.pdf (acceso 17/12/2020).

[35] Jorge Faljo, “Adobe o concreto”, noticias, La silla rota (blog), octubre 1, 2017, https://lasillarota.com/opinion/columnas/adobe-o-concreto/180042 (acceso 17/12/2020).

 

 

 

Fecha de recepción: 19 de junio de 2020

Fecha de aceptación: 15 de enero de 2021


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El autor

Doctor en Historia del Arte por la UNAM, donde es investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas. En 2008 publicó La máquina de pintar. Rivera, Orozco y la invención de un lenguaje. Co-curador de la exposición PainttheRevolution en el Museo de Philadelphia y el Palacio de Bellas Artes, 2016-2017. Dirigió el IIE de 2010 a 2018. Miembro de la Academia de Artes.

mello@unam.mx

Doctora en Historia del Arte por la UNAM, donde es investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas.  En 2013 publicó Viaje de Sombras. Fotografías del Desierto de la soledad y los indios lacandones en los años cuarenta. Coordinó el Posgrado en Historia del Arte de la UNAM de febrero 2011 a agosto 2017. Sistema Nacional de Investigadores del CONACyT nivel II.

deborah.dorotinsky@gmail.com

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