Caiana Revista académica de investigación en Arte y cultura visual

Caiana Nro14

Susan Rocha y Karen Solórzano y María José Garrido


El museo como lugar intermedio: vértices entre discurso, materialidad y acción colectiva

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El presente trabajo trata sobre la experiencia de aplicación de una museología radical, entre los años 2016 y 2018, en los museos universitarios pertenecientes a la Universidad Central del Ecuador (UCE), institución pública de educación superior ubicada en Quito, Ecuador. Cuatro museos de la UCE (Universitario, de Enfermería, de Zoología, de Arqueología) se encuentran reunidos en una Dirección de Museos Universitarios (DMU), encargada de velar por el desarrollo técnico de los mismos. La DMU, creada en 2016, ha logrado articular su trabajo con la comunidad universitaria –en especial con los colectivos– y trabajar en políticas de representación que se encaminen hacia una convivencia intercultural.

 

Esta dirección también ha propiciado la expresión de visiones y actores históricamente relegados desde posiciones museales radicales. Para esto, los museos de la DMU se han enunciado como espacios con autonomía que ejercen libertad de cuestionamiento y proposición en sus prácticas y discursos. Con un uso crítico de la memoria y el patrimonio a partir de los contextos locales, han construido y activado la memoria universitaria, con y en movilización de sus comunidades estudiantiles, organizaciones, colectivos y audiencias, al tiempo que propone líneas de fuga para la resignificación de los procesos históricos.[1] Cabe destacar que, si bien este trabajo aborda la labor de la DMU, se hará hincapié en los procesos museológicos que han tenido lugar en el Museo Universitario MUCE.

 

La DMU ha trabajado por lograr la institucionalización de sus museos. Para ello, ha realizado varios procesos de interacción con varias instancias culturales a nivel nacional. De esta forma, ha construido un lugar de enunciación que ha posibilitado profesionalizar los museos a través de un marco legal y de políticas públicas técnicas. Ante la creciente precarización del sector cultural en el país, y de los museos en particular, que suelen incluir la improvisación de perfiles y agendas clientelares, esto ha resultado imprescindible.

 

En el aún vigente Estatuto Universitario de la UCE, aprobado el 5 de agosto de 2016, se creó la Dirección Museo Universitario. En diciembre de 2016, se realizó la primera acción pública con poco personal y aún sin asignación presupuestaria. Ese mismo mes se reabrió el Museo Universitario MUCE con las Jornadas académicas de museología educativa ¿Qué es un museo universitario en el siglo XXI? (Fig. 1).

 

Desde entonces, la construcción de políticas culturales para los museos se ha realizado constantemente mediante encuentros “consultivos” y colaborativos. Cuando se aprobó la primera Ley Orgánica de Cultura del país (diciembre de 2016), presentaba varios enunciados que no respondían a las necesidades y a las aspiraciones colectivas de los museos. En febrero de 2017, la DMU y el MUCE realizaron Talleres colaborativos para la generación de Insumos para el Reglamento General de la Ley Orgánica de Cultura aplicado a la gestión de museos (Fig. 2), que contaron con aportes de múltiples museos y fueron entregados al ente rector de la cultura nacional en un evento público en abril de ese mismo año. Gracias a este ejercicio ciudadano se incorporó la gestión de riesgos del patrimonio al reglamento y otros elementos.

 

El trabajo colaborativo fue aprovechado para escribir el Reglamento General de la Dirección Museo Universitario, como así también la Normativa para el manejo técnico de bienes culturales y patrimoniales muebles (artísticos, históricos, ancestrales, científicos) y otros de valor cultural, que formen parte de las colecciones de la Universidad Central del Ecuador (UCE). Estos textos fueron socializados y retroalimentados con los miembros de los museos universitarios, y entregados a finales de 2017 a la Institución. El Reglamento fue aprobado por la Comisión Legislativa de la UCE en junio de 2018, y al momento está a la espera de ser aprobado por el Honorable Consejo Universitario (HCU).[2] Esto garantizará una gestión oportuna de los museos con planteamientos éticos y museológicos anclados al contexto universitario actual.

 

En el MUCE se empezó a realizar, a finales de 2017, una cartografía de actores culturales junto a un grupo de estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, quienes realizaron esta actividad como parte de horas de pasantías académicas. En noviembre de 2018 se realizó el Encuentro Construcción de Políticas Educativas de los museos de la Universidad Central del Ecuador que contó con la participación activa de docentes y la voz de agrupaciones estudiantiles, cuyos resultados están en proceso de ser sistematizados. El presente trabajo intenta dar cuenta de estos procesos, a saber: el trabajo encaminado a que las decisiones en los museos no dependan del gusto o la opinión de un funcionario, sino de una política generada colectivamente; y, en segundo lugar, el proceso de construir políticas busca que los museos sostengan su independencia, autonomía y libertad de cuestionamiento y proposición en las prácticas y discursos, lo que genera no pocas tensiones.

 

Por la declaración de los principios éticos, políticos y filosóficos que orientan, regulan y norman el funcionamiento de los museos universitarios, estos espacios han incorporado directrices críticas que rompen con las nociones clásicas del museo como un lugar de exposición de objetos. Por el contrario, sitúan al ser humano como foco de sus políticas, y al enunciarse como museos contextuales, estos sujetos son –en primera instancia– los miembros de la comunidad universitaria. Este es un eje principal de toda la gestión que se enuncia desde enfoques interculturales, colaborativos y de género.

 

Los cuatro museos de la DMU (MUCE, Museo Antropológico Antonio Santiana, Museo Zoológico y Museo de Enfermería Iralda Benítez de Núñez), se ocupan de saberes y campos del conocimiento relacionados con lo cultural, el arte, la ciencia, la historia y las ancestralidades, a través una agencia contextualizada y política del patrimonio, colecciones y memorias universitarias, así como desde prácticas simbólicas y de representación en constante debate (Art. 23 Reglamento para la DMU).

 

Nos enfocaremos en el Museo Universitario MUCE, donde se han realizado varios ejercicios de curaduría colaborativa de forma conjunta con miembros de la comunidad universitaria. Al momento ha logrado un incipiente posicionamiento como laboratorio de investigación, zona de contacto entre el conocimiento y los saberes producidos por distintas generaciones, facultades, comunidades e individuos relacionados con la UCE. También se ha convertido en un espacio capaz de articular la educación no formal con un uso del tiempo libre emancipado, creativo y aliado del cambio social. Si bien el museo está atravesado por un carácter institucional, se enuncia como un espacio abierto al diálogo, al disenso y a mecanismos de interrogación que, en lugar de ocultar, visibilizan las contradicciones que operan sobre la construcción del saber y la memoria social.

 

Enunciarse y desplegarse con políticas críticas no ha sido tarea fácil, ni carente de conflictos, contradicciones y no pocas reacciones por parte de quienes se han visto cuestionados, considerando los complejos contextos sociopolíticos que envuelven no solo a la universidad, sino a la misma sociedad ecuatoriana. Para dar cuenta de esta complejidad, se iniciará con una relación entre la universidad, el museo y las comunidades universitarias. Aquí se incluye una contextualización histórica de la UCE y sus movimientos estudiantiles. Más adelante se encontrará una descripción y análisis del Museo Universitario MUCE. Luego se analizarán los resultados de la cartografía que se complementan con un estudio del estado actual de las organizaciones estudiantiles. Finalmente, se relacionará las exposiciones que ha realizado el MUCE con la colaboración que han tenido con los estudiantes, principales actores de interlocución del MUCE.

 

Contexto histórico de la universidad

 

La UCE es la segunda universidad pública más grande del Ecuador y la más antigua del país. Actualmente cuenta con una población de cerca de 37.000 estudiantes, según las cifras de la Encuesta Socioeconómica del año 2017-2018,[3] y casi 23.000 personas entre docentes, personal administrativo y trabajadores. Juntos conforman un conglomerado humano diverso, de distintos orígenes, intereses, motivaciones y formas de organizarse colectivamente. La universidad tiene veinte facultades, está ubicada en la zona centro norte de la ciudad de Quito y recibe a estudiantes de todo el país.

 

Durante el siglo XIX, el sistema educativo nacional tuvo una fuerte influencia de la iglesia católica, sin embargo, también en el mismo siglo la UCE, nacida en 1826, fue el espacio donde se dieron protestas estudiantiles y de docentes a favor de libertad de pensamiento y de conciencia. Por ello fue varias veces cerrada, ya que fue un centro de oposición política, principalmente contra gobiernos autoritarios. Con la Revolución Liberal de 1895, en la UCE se fue dando paso a nuevos postulados de corte liberal y laico.

 

Este proceso se consolidó con la Reforma de Córdoba (Argentina) de 1918, que atravesó a toda Latinoamérica democratizando sus universidades, y fue también acogida en la UCE, que declara en sus estatutos:

 

"La Universidad Central del Ecuador tiene la herencia de las luchas sociales contra toda forma de dominación y colonialismo; son sus afanes y propósitos consolidar una educación superior autónoma, laica, científica, comprometida con la sociedad ecuatoriana y es heredera de la Reforma Universitaria de Córdoba".[4]

 

De estos cambios surgió, en 1919, la primera organización estudiantil, la Federación Universitaria Ecuatoriana (FEU), hito importante que convierte a los estudiantes en actores participativos y determinantes en la historia universitaria. Esto también impactó en la escena política local y nacional que atravesó todo el siglo XX. Desde la década del treinta, los estudiantes estuvieron ligados a idearios políticos de izquierda, tanto en partidos como organizaciones gremiales y sindicales.[5]

 

Durante la primera mitad del siglo XX, los idearios de estudiantes, docentes y autoridades universitarias convergieron en una tendencia “progresista”. Este proceso se profundizó en los años sesenta y setenta, al calor de los procesos históricos del periodo. En la universidad se dio, por un lado, la diversificación y radicalización de grupos de izquierda, y por otro, el crecimiento del autoritarismo de las dictaduras militares que intervinieron la UCE de forma represiva y violenta. Se dio también un periodo de rectores socialistas: Alfredo Pérez Guerrero y Manuel Agustín Aguirre; este último incluso promovió la Segunda reforma universitaria:

 

"[…] a favor del libre ingreso y del compromiso social de la Universidad. La reforma logró suprimir los exámenes de ingreso para hacer accesible la entrada de obreros, campesinos y de las clases marginales. De igual manera, creó la Universidad Obrero Campesina que más tarde se llamaría Universidad Popular, una extensión de la UCE que ofrecía capacitaciones certificadas".[6]

 

En la segunda mitad de los setenta, y a inicios de los años ochenta, el país vivió la transición de la dictadura a la democracia, al tiempo que se inició la explotación petrolera, con un auge económico en los setenta y su posterior crisis en los ochenta. Dentro de la UCE se vivieron procesos importantes: por un lado, el auge petrolero incidió en el aumento de la matrícula universitaria y crecimiento de clases medias que demandaron su acceso a la universidad; por otro, la efervescencia de la militancia estudiantil de las dos décadas anteriores se radicalizó en los ochenta, y muchos estudiantes pasaron a ser parte de grupos de lucha armada, especialmente del grupo Alfaro Vive Carajo, que fue duramente reprimido en el gobierno socialcristiano de León Febres Cordero. Esto dio la pauta de lo que vendría en las décadas siguientes.

 

El proceso de retorno democrático en 1979 estuvo asociado a una renovación del sistema político de partidos según un modelo de socialdemocracia, el cual amplió los derechos sociales y económicos de la población.[7] La decisión de participación de tendencias políticas de izquierda, derecha y militares en la arena del sistema democrático, sacó a numerosos actores de los márgenes de luchas sociales, y posteriormente también fueron parte de la crisis de representación generalizada. La crisis económica se presentó a los pocos meses del regreso democrático, con procesos inflacionarios, bajos precios del petróleo, recortes presupuestarios, aumento de deuda externa, etc.; crisis que se prolongó a lo largo de tres décadas.[8]

 

Los sucesivos gobiernos, bajo la influencia y presión del FMI, promovieron políticas neoliberales que se bloqueaban desde el poder legislativo. El proceso fue denominado “ingobernabilidad”, y su consecuencia fue la constatación social de que el poder político y sus representantes (cualquiera que fuera su orientación ideológica) se concentraban en favorecer intereses personales o privados, y no en dar respuestas a las mínimas demandas sociales.[9]

 

El punto más álgido de este largo proceso de dificultades fue la crisis financiera de 1998-1999, que derivó en la dolarización de la economía, con consecuencias sociales devastadoras, como las oleadas masivas de migración ecuatoriana a Europa y Estados Unidos. La respuesta social a esta realidad vino de la mano de los movimientos sociales,[10] con reivindicaciones particulares –como del movimiento indígena, con demandas de corte étnico– que lograron una fuerza política importante en los noventa, con su posterior debilitamiento hacia principios de siglo.

 

En esta larga crisis, antiguos actores sociales fueron perdiendo participación en la escena pública, como es el caso de los estudiantes, quienes solo apoyaron de forma coyuntural protestas sociales, sin una articulación o participación organizada masiva. Esto se profundizó en el Gobierno de los últimos diez años, a través de reformas al sistema educativo que profundizaron la desarticulación y desmovilización estudiantil.

 

En este contexto, el papel de la universidad pública fue perdiendo su lugar protagónico en la escena local respecto a las reivindicaciones sociales, y su rol fue relegado a un espacio de instrucción formal, con un franco deterioro de todos sus espacios sociales y de producción de conocimiento.

 

El movimiento estudiantil de la UCE también fue decreciendo en poder de convocatoria y movilización. Su ideario no siempre ha incorporado nuevas interpretaciones de las diversas realidades a la luz de los cambios locales y mundiales, ni tampoco nuevas reivindicaciones étnicas, ecológicas o de género; esto se debe en parte, a que en su núcleo discursivo ha prevalecido a lo largo del tiempo, exclusivamente las demandas de clase. Este ideario ha quedado en un plano discursivo, y sus prácticas reflejan pugnas fraccionarias por cuotas de poder y promoción de actividades de recreación para los estudiantes. El resultado también es una crisis de representación y despolitización de las demandas, ya que las organizaciones estudiantiles institucionalizadas no coinciden con las nuevas identidades, reivindicaciones y preocupaciones estudiantiles.

 

El Museo Universitario MUCE

 

Los museos de la UCE fueron reorganizados en la Dirección de Museos en el actual Estatuto. Parte de esta renovación fue reabrir el MUCE, que data de 2013, y que había atravesado varios cierres. Su posterior inauguración, en 2016, le dio una organización sistematizada. Es un museo de exposiciones temporales, aunque también tiene una colección de alrededor de 400 bienes históricos (instrumental científico usado en la universidad) expuestos en distintas muestras. Posee un espacio físico de 400 m2 de sala de exposiciones y 250 m2 de reserva; anteriormente era el edificio de la biblioteca principal. Con dos años de vida institucional, el MUCE ha tenido una aceptación y gran convocatoria en la población estudiantil. Por el posicionamiento y enunciación conceptual del MUCE, se ha convertido en un espacio que acoge no solo intereses museísticos, sino que muchos colectivos han visto en él la posibilidad de sentirse representados, además de hacer uso del mismo para diversas actividades destinadas a contribuir en la construcción de una convivencia intercultural.

 

Esto se debe, en parte, a la adscripción a giros conceptuales de la museología radical y a las perspectivas críticas de una educación no formal. El MUCE se enuncia como museo de contexto, por lo tanto, su vinculación es con las comunidades universitarias: se centra en estos sujetos, sus propuestas curatoriales son polifónicas y poseen espacios para incorporar la palabra de los espectadores, trabaja en el disenso y la colaboración, la duda, la construcción y deconstrucción crítica de saberes y memorias.

 

Desde la curaduría se busca lo transdisciplinario, la pluralidad de significados, la construcción de conocimiento y el diálogo entre investigaciones, objetos, espacio y audiencias; además, se generan archivos gracias al trabajo articulado, con actores de la comunidad universitaria. De este modo se convierte a la sala del MUCE en un laboratorio de investigación, y a la curaduría como productora de infraestructura, comprendida como “la producción de insumos para el desarrollo de una crítica histórica”.[11] Así, “permite la habilitación y la legitimación de conocimientos muy precisos que, a su vez, serán convertidos en complejos dispositivos de expansión de influencias sociales específicas”.[12] Como afirma Mellado, es un proceso necesario cuando se trabaja en instituciones museales débiles, que carecen de infraestructura. La producción de archivo se acompaña de una visibilización de nuevos documentos y de la generación de otras miradas sobre los colectivos sociales y sujetos que producen estos documentos. Las curadurías que se han realizado han sido diversas y han cuestionado la memoria universitaria, la heteronormatividad y la violencia de género.

 

Desde lo educativo se propone desplegar una pedagogía crítica que apuesta al desarrollo de “experiencias lúdicas y cognitivas”,[13] y la construcción política y crítica de significados, en una horizontalidad con los diversos públicos. Los museos desarrollan educación no formal, entendida como el aprendizaje ofrecido por un centro de formación no certificado, pero que tiene un “carácter estructurado (en objetivos didácticos, duración o soporte). El aprendizaje no formal es intencional desde la perspectiva del alumno”.[14]

 

Por otra parte, nociones como participación y acceso permiten realizar algunas consideraciones alrededor de estas proposiciones. Primero, el apelativo de los visitantes como “públicos” se refiere a individuos “universales”, sin embargo, bajo este membrete subyace la idea del sujeto burgués, blanco, hombre y heterosexual. Segundo, la noción de “públicos” resuelve temas administrativos y financieros, pero su uso resulta limitado para pensar en términos políticos, de cercanía, afectos, cuerpos, espacios, relaciones, colectivizaciones y conflictos que se producen entre sujetos diferentes y el museo. El museo busca referirse a los estudiantes de esta institución educativa como comunidades identificables y orgánicas, que no están obligadas a mantener vínculos o correspondencias con este espacio. ¿Qué permite pensar que los contenidos del museo son de interés para estas comunidades? ¿Se debe trabajar solo con aquellos que están interesados en lo que propone este espacio?

 

Se puede pensar, siguiendo a Landkrammer,[15] que las dos nociones son correctas y ambas equivocadas al mismo tiempo; que lo que queda es actuar en medio de esta contradicción y construir desde la colaboración, la suma de intereses, el aprendizaje mutuo.

 

De allí se plantea la necesidad de “inventar” espacios “intermedios” para la imaginación crítica, que contribuyan a la construcción de zonas afectivas, materiales, migratorias, de tránsito, de contacto, de inter-transnegociaciones, y donde se relacionan las hegemonías y periferias.[16] En el contexto universitario, la heterogeneidad de voces que “colisionan” son los “contingentes sociales heterogéneos”,[17] estudiantes y docentes que forman parte de la Institución.

 

Los Museos Universitarios no se plantean una propuesta educativa de participación, inclusión o acceso tal como se entiende convencionalmente. Lo importante no es la adición de comunidades a los Museos –propiciando nuevas exclusiones–, sino la construcción de otro tipo de prácticas colaborativas que, aún irresueltas, fragmentadas, incómodas, constitutivamente provisionales y contradictorias, puedan alumbrar una nueva estructura para los museos.

 

Por tanto, los Museos Universitarios se encaminan hacia una educación política que se pronuncie críticamente sobre los sistemas de poder, los nombre, y se pregunte sobre las inclusiones y exclusiones que produce el museo. El trabajo educativo del MUCE debe estar enunciado en función de sus comunidades, se debe pensar en la construcción de conocimientos y saberes colectivos, así como plantear estrategias para todos los ámbitos del museo: la curaduría, la museografía, la museología y la conservación (no de manera exclusiva).

 

En el MUCE se ha pensado en los sujetos de interlocución y el contexto que los habita, es decir, quienes conforman las distintas comunidades universitarias: sus relaciones sociales, sus formas de representación colectiva, su relación con la producción de conocimiento y con la memoria universitaria. También se ha preguntado qué relaciones tienen con las colecciones del museo, qué pueden narrar estas colecciones, cuáles son las identidades subalternas que habitan este espacio, cuáles son las representaciones de lo político, la movilización y desmovilización de los actores.

 

Dada la escasez de información, el MUCE ha realizado procesos de indagación e investigación para conocer a las comunidades universitarias (estudiantes, docentes y personal administrativo). Siendo los estudiantes la mayor población numérica, quienes atraviesan por interacciones sociales de mayor desigualdad económica, y por ser la comunidad que atraviesa por un proceso de educación y profesionalización, los museos piensan a los estudiantes como su principal interlocutor. Frente a estos actores, el MUCE se pregunta cómo empatar la representación de la realidad social a la cual se adscriben, las diferentes memorias universitarias, y la historia del conocimiento de la Institución con las posibles necesidades/motivaciones, demandas/intereses de los estudiantes.

 

El MUCE, en relación con la museología radical, busca la transformación social. Como espacio no neutral, toma posiciones teóricas y de praxis que cuestionan el estado de las cosas. Rechaza la desigualdad estructural que afecta a las comunidades universitarias, las prácticas violentas de inequidad, de marginación, discriminatorias, clientelares, heteropatriarcales, aparofóbicas, etc. Esto significa implicarse en procesos de politización del espacio público, decodificar el indisciplinamiento como una forma de cuestionamiento a las estructuras de poder, pensar el accionar de mircopolíticas como espacios posibles de solidaridad, sororidad y acciones antinormativas, además de macropolíticas como la promoción de políticas de la mayoría.[18] Consideramos que apropiarse de los espacios y participar en la toma de decisiones conjuntas es una forma de crear nuevos sentidos de afectación en lo colectivo.

 

El MUCE, desde una reflexión crítica de su contexto, se ha propuesto tener políticas transversales que aborden las diferencias que atraviesan a la comunidad estudiantil, que lleven a un cambio de prácticas sociales y que contribuyan a la agencia de las culturas marginadas, su desubalternización y descolonización social.[19]Para esto se ha planteado políticas interculturales, de género, que contemplen los movimientos migratorios, la “discapacidad”, el medio ambiente, etc.

 

El MUCE ha procurado tener una escucha activa, una apertura a las narrativas y propuestas desde lo periférico y lo subalterno, sin con esto pretender crear nuevas centralidades que repitan el modelo centro-periferias. Este tipo de interacción se ha dado principalmente con colectivos estudiantiles de origen feminista, comunidades LGBTI, madres estudiantes y grupos de búsqueda de personas desaparecidas. Estos y otros grupos han encontrado en el MUCE un espacio de público de colaboración, tanto para sus consignas específicas como para sentirse representados en la agenda programática y en las exposiciones.

 

Estudiantes

 

Conocer al principal interlocutor de los museos, los estudiantes, no fue tarea fácil, especialmente a la hora de plantear políticas educativas para los museos. La única fuente de consulta institucional fue una Encuesta socioeconómica 2017-2018, un censo proporcionado por Bienestar Universitario de la UCE que tenía resultados sin procesar sobre los educandos. Esta información se sistematizó con resultados parciales,[20]sin embargo, nos permite tener una percepción demográfica mínima de las comunidades estudiantiles. Pensar e investigar cuáles eran las diferencias identitarias, de origen económico, étnico, social, de intereses, de adscripciones, de filiaciones, etc., fue otro de los retos del MUCE. Para esto se realizó un mapeo de actores sociales-culturales,[21] es decir, una cartografía(Fig. 3) de grupos heterogéneos organizados.

 

Como resultado de la cartografía tenemos, por un lado, a las organizaciones de representación estudiantil “tradicionales” de cogobierno, como las asociaciones y los gremios de estudiantes. Otras instancias de participación con representación estudiantil son los Consejos de Carrera, Consejos de Facultad y el Honorable Consejo Universitario (HCU), donde los estudiantes tienen voz y voto en procesos de interés para la comunidad universitaria. Los “gremios” son el resultado histórico de la organización estudiantil que en el pasado tuvieron un ideario de izquierda, preocupados por combatir la desigualdad social, junto a sindicatos de maestros, obreros, artesanos, entre otros.

 

Tanto los gremios representados por Federaciones –como la FEUE UCE o la AFU–, como las asociaciones estudiantiles, están conformados por partidos políticos del estudiantado. En el caso de las asociaciones, también están conformadas por estudiantes que se juntan para fines electorales y luego se desarticulan. Estos grupos llegan a las urnas por elecciones universales (convocadas por la FEUE), lo que quiere decir que todo el estudiantado tiene derecho a votar. La FEUE UCE es el único organismo estudiantil reconocido por el Estatuto de la Institución. Sus representantes participan con voz dentro del HCU en el marco de la legitimidad jurídica del cogobierno.[22]

 

Estos grupos siguen siendo una fuerza política del estudiantado tal y como se confirma con el voto democrático, sin embargo, no cuentan con una real representación y participación en las decisiones fundamentales de la Institución, así como en la vida colectiva de las comunidades universitarias, ya que sus actividades recaen en el ámbito del entretenimiento y el ocio, como fiestas anuales. La indagación sobre las organizaciones estudiantiles demuestra que estas no representan la defensa de los intereses, demandas, reclamos o necesidades estudiantiles, lo cual ha generado una crisis de la representación.

 

Por otro lado, se tiene que los resultados de la cartografía dan cuenta de una diversidad de prácticas sociales y culturales del entramado estudiantil, así como de intereses colectivos que convocan a las comunidades universitarias. Es de incumbencia del MUCE los intereses comunes que permiten identificar a los sujetos con inquietudes compartidas que, impulsadas por la imaginación crítica, producen contenidos que cuestionan ciertos tipos de normalizaciones de la cotidianidad. De ahí surge la potencia y radicalidad de algunas de estas formas organizativas –además de nuevas prácticas culturales de base– que encuentran estrategias de representación simbólica, al tiempo que provocan la reconfiguración, la ocupación y el acontecimiento de la realidad, en el sentido de habitarla a través de procesos de cooperación y desde el poder del cambio colectivo.[23]

 

La organización estudiantil, que denota la emergencia de nuevas subjetividades políticas más consolidadas, está conformada y liderada por mujeres y comunidades con identidad de género disidente. Ello permite construir redes horizontales de solidaridades; en unos casos cuestionan y en otros generan redes de contención de la violencia que se reproduce en los espacios universitarios, al tiempo que encuentran estrategias para repensar nuevos acuerdos de interacción social. Cabe decir que estos grupos son una fuerza todavía en marcha y que sus formas de relacionamiento pueden ser todavía coyunturales. En oposición a la marginalidad de estos procesos, se encuentra su capacidad de autorrepresentación e incidencia en asuntos públicos que convocan a la comunidad[24] y se confirma en las acciones colectivas de organizaciones como Luna Roja, El Punto con sus proyectos radiales, Pélame la Naranja y Las Pornógrafas, Colectivo feminista de la Escuela de Trabajo Social, Defensoría Estudiantil, Mamá Universitaria, entre otras, quienes forman parte del universo de comunidades universitarias y trabajan de manera autónoma, autogestionada y solidaria dentro de la UCE, a favor de los derechos de las comunidades LGBTI y de la construcción de espacios afectivos y dignos para las madres estudiantes, etc. Así, contribuyen a alivianar el problema de la deserción estudiantil de estudiantes mujeres, sostienen la lucha contra el acoso sexual de docentes a estudiantes, exigen memoria y justicia para las y los estudiantes desaparecidos, entre otros posicionamientos políticos contra la discriminación, la desigualdad, el machismo, la exclusión, la impunidad y la corrupción de la cotidianidad universitaria.

 

Como resultado del proceso de cartografiar los grupos heterogéneos organizados, tenemos que existen ciento seis de ellos en la UCE, los cuales se han clasificado y caracterizado de la siguiente manera:

 

-          Asociaciones Universitarias: organismos institucionales de representación estudiantil (cogobierno). Los estudiantes se organizan según sus empatías para los procesos electorales. Las asociaciones dicen ocuparse de temas académicos, deportivos, sociales o culturales, realizan eventos de ocio y entretenimiento.

 

-          Clubs:realizan actividades de ocio como el cine, baile, deportes, teatro o música. De manera excepcional, un club deriva hacia intereses académicos, sociales y políticos, como el Club de Economía, que mantiene un espacio de trabajo crítico, realizan eventos académicos sobre temas de género, medioambientales y otros. Estos espacios, en general, nacieron por iniciativa de docentes y como parte del currículo institucional.

 

-          Colectivos: ocupan en número la mayor parte de los grupos organizados encontrados, están interesados en procesos de transformación social. Se enfocan en luchas medioambientales, de soberanía alimentaria, derechos humanos, etc. El debate que los convoca más ampliamente es la violencia de género. Realizan actividades académicas, entre otras, y procuran convocar a estudiantes y docentes.

 

-          Grupos: tienen intereses de carácter investigativo y académico, fomentando la construcción crítica de conocimiento.

 

-          Movimientos: están conformados por partidos políticos o grupos de estudiantes con distintas afinidades, mayormente temporales, porque nacen con el fin de llegar a las elecciones. Cuando estos períodos terminan, se desarticulan.

 

-          Organizaciones: son grupos externos que tienen articulaciones con los estudiantes universitarios. Sus fines son académicos, profesionales y de actividad política, vinculados a temas de interés sociocultural actual. (Figs. 4-6)

 

Consideramos que, especialmente en los contingentes sociales heterogéneosestudiantiles, existen diversas acciones que recuperan “la capacidad colectiva de intervención en asuntos públicos a partir de la impugnación de lo que se impone como decisión política ajena, perjudicial y dañina para la vida colectiva”.[25] A partir de este concepto, se define a estos contingentes sociales universitarios como sujetos que se autorrepresentan, toman decisiones y tienen incidencia en un horizonte comunitario, al tiempo que incorporan reivindicaciones diversas, como por ejemplo étnicas, de género, de “discapacidad”, etc.

 

Estos grupos nacen con el objetivo de dar voz a los discursos subterráneos, generando condiciones de seguridad, igualdad y derecho en los espacios universitarios. Esta apuesta –colocar los intereses de estos grupos heterogéneos en las agendas museales– permite mirar hacia comunidades que movilizan y activan políticamente sus redes, que convocan a compartir conversaciones, debates y disensos. Por esto es imperativo recolocar los intereses colectivos dentro de las agendas políticas y programáticas de los museos.

 

Museo Universitario MUCE - Exposiciones - Estudiantes y colectivos

 

Desde diciembre de 2016, el museo aplicó un modelo experimental de relacionamiento de sus exposiciones con la comunidad universitaria, estableciendo a esta última como constructora y destinataria de conocimientos. Este modelo permite que el museo vea el mundo con un prisma diferente, ya que puede abrir múltiples posibilidades de interpretar y experimentar la realidad. Esto se evidencia en la interacción que ha tenido el MUCE con los estudiantes y colectivos.

 

La primera exposición con la que se reabrió el MUCE se llamó Máquinas del tiempo. Exhibía instrumental científico utilizado en diferentes facultades de la UCE para la enseñanza. Se trataba de objetos estéticos que no habían sido registrados o inventariados. En este caso, la exposición sirvió para realizar procesos de limpieza técnica y conservación de sesenta bienes culturales, así como para determinar su procedencia y su uso social dentro de las aulas. Para esto se contó con la colaboración de docentes y estudiantes de distintas facultades.

 

Al mismo tiempo, en esta muestra se inició con un formato educativo llamado “aula abierta”, que consistió en que el museo sea un espacio para diferentes experimentaciones dentro de varias cátedras. Fue utilizado especialmente por la Facultad de Artes: la clase de danza se desarrolló dentro del museo, donde los estudiantes experimentaron movimientos (Fig. 7); también se contó con acciones teatrales, clases de dibujo y pintura, etc. La clase de pedagogía del arte armó varias estrategias de mediación educativa en sala a partir de los testimonios de exestudiantes sobre el funcionamiento de los objetos. Incluyó recorridos con acertijos, búsqueda de detalles, etc. Máquinas del tiempo se propuso investigar los objetos durante la exposición, y con las iniciativas de la comunidad universitaria, fue posible hacerlo.

 

La segunda exposición, Voces y Bullas de la Central, tu nombre sonará,[26] estuvo en sala de mayo a septiembre de 2017, y mostró una historia social y política de los movimientos estudiantiles de la UCE. La muestra fue mayoritariamente fotográfica e incluyó revistas, cancioneros, manifiestos y panfletos producidos por militantes de la UCE, en especial de la década de 1960. En el contexto de una universidad con pensamiento crítico, se buscaba relacionar la memoria universitaria, la militancia de los estudiantes y sus cometidos, con una universidad de carácter público, ya que se enunciaba comprometida con el cambio y las luchas sociales. Esta exposición fue cocurada con estudiantes de la Facultad de Comunicación Social, y contó con el apoyo de los jubilados de la Institución, exestudiantes y exmilitantes (Fig. 8).

 

Isabel Mena, investigadora y curadora de la exposición por parte del MUCE, diseñó un programa para generar archivos y construir memoria universitaria llamado “Portafolios Subversivos”(Fig. 9), que consistía en varios conversatorios con personas que fueron miembros activos de la militancia universitaria. Se recogieron testimonios de los integrantes de grupos musicales militantes y sus cancioneros que surgieron en la UCE en las décadas de 1960 y 1970; sobre la organización del movimiento estudiantil y sus luchas en la misma época; la vida dentro de la residencia universitaria; los colectivos actuales y sus luchas, en especial las de género.[27] Además, con el apoyo de los estudiantes de comunicación social, se realizó un video que recoge las memorias de quienes habitaron la residencia universitaria.

 

Dentro del formato “aula abierta”, los estudiantes de pedagogía del arte realizaron algunas propuestas de mediación de la exposición. Sus ideas contaron con apoyo en los contenidos, gestión y ejecución por parte del MUCE. Se logró ingresar a los dos últimos pisos de la residencia universitaria que se encontraban cerrados desde la década de 1980. Se hallaron trabajos de veterinaria, medicina, maquetas, ropa, enceres personales, propaganda política, cuadernos de estudio, etc. Puertas, baños y camas estaban destruidos. Utilizando estos artículos, los estudiantes realizaron intervenciones desde la pedagogía del arte en los dos pisos; la mayor parte eran instalaciones que ponían en diálogo objetos diversos. Al inaugurar este espacio, el MUCE presentó el video realizado sobre la residencia universitaria y un conversatorio sobre las relaciones entre arte y activismo.

 

Los estudiantes propusieron realizar mediaciones dentro de los lugares de la memoria de la UCE, por lo que conjuntamente con el MUCE se diseñó un recorrido más amplio denominado Arquitecturas de la memoria, que recorría la ciudadela universitaria con énfasis en lugares emblemáticos de la lucha social.[28] El museo realizó la investigación histórica y los estudiantes las activaciones. Este recorrido duraba alrededor de tres horas y fue uno de los más requeridos por la comunidad universitaria. Los estudiantes del club de andinismo solicitaron el guión para trabajar desde sus propios espacios y necesidades.

 

Para Bishop, un modelo de museo dialéctico contemporáneo se encuentra “comprometido políticamente con nuestro momento histórico”,[29] al tiempo que representa intereses e historias de quienes han sido marginados y oprimidos.[30] Voces y Bullas de la Central, tu nombre sonará cumplió con este enunciado, no solo por presentar una historia de los múltiples movimientos estudiantiles de la Universidad Central, sino por dejarse afectar por los intereses estudiantiles, por trabajar de forma colaborativa sus propuestas, e incluso por superponer y recurar la exposición.

 

Luego se presentó la I Bienal Latinoamericana de la Pequeña Estampa, gestionada por la Facultad de Artes, que contenía trabajos de estudiantes de varias universidades del continente, y que contó con un premio del público y algunas activaciones enfocadas en aprender a observar los detalles del grabado.

 

La siguiente exposición emblemática por su impacto fue Trans In Disciplinar ¿Pensar la Universidad Pública como un lugar sin Límites? (Fig. 10), que cuestionó fuertemente la heteronormatividad de la institución universitaria y sus miembros. Esta surgió de una articulación con el Instituto de Investigación en Género y Derechos Humanos INIGEDH de la UCE, con el Festival de cine LGBTI El Lugar sin límites, los colectivos dedicados a luchas de género de la UCE y los artistas que habían sido parte de la exposición En carne viva,[31] que acompañaba al festival El Lugar sin límites. Realizamos varias reuniones asamblearias para pensar en la forma adecuada de representar estas articulaciones.

 

Pensamos en la Universidad como un lugar sin condición,[32] es decir, el espacio donde es posible decirlo todo, sea como afirmación, pregunta o hipótesis. Nos preguntamos hasta qué punto realmente la Universidad puede ser un lugar sin límites. Bishop anota que en un museo radical la indagación histórica mira hacia el futuro para “trastocar el relativismo pluralista del momento actual” y avanzar a “una comprensión más politizada de adonde podemos y deberíamos estar dirigiéndonos”, como base de un nuevo imaginario político.[33] Esta sin duda fue la apuesta de esta exposición.

 

Participó Universidad Púrpura, un colectivo formado por docentes y estudiantes que habían desarrollado varias acciones para visibilizar y desnaturalizar la violencia de género en la Facultad de Comunicación Social FACSO. Una de sus acciones se llamó En la FACSO se dice, que consistía en publicar en redes sociales frases escuchadas en esta facultad.[34] Esta acción fue fruto de un proceso de investigación, cuya idea principal era comprender que “el discurso es un modo de acción”.[35]

 

También expuso Luna Roja, un colectivo feminista de izquierda que opera dentro y fuera de la UCE. De su trabajo, elegimos una investigación sobre violencia oculta realizada en la Facultad de Jurisprudencia, e imágenes de sus marchas y luchas. Ellas trajeron al colectivo Mamá Universitaria, que habían gestionado un lactario dentro de la FACSO, así como al Colectivo Feminista de la Carrera de Trabajo Social. Expusieron además Contrapique, Las Pornógrafas, El Puntoy otros. Estos colectivos nos facilitaron las imágenes con las cuales querían verse representados. Dentro del formato de aula abierta, los estudiantes de pedagogía del arte propusieron y llevaron a cabo varias actividades dentro de la sala, algunas fueron retroalimentadas por el equipo del MUCE.[36]

 

La exposición TransInDisciplinar: ¿pensar la universidad como un lugar sin límites? se abrió en enero de 2018, justo cuando se empezó a aplicar el protocolo para los casos de acoso sexual en la UCE. Esta coyuntura hizo que el MUCE sea visto por los estudiantes como un espacio abierto, donde es posible dialogar sobre lo común, lo diverso y lo contra hegemónico.

 

Dos estudiantes decidieron ser voluntarias en el MUCE durante la exposición y formaron un grupo temporal llamado las Mozalbetas. Se dedicaron a mediar la exposición con actividades diseñadas por ellas, y, entre otras cosas, propusieron un ciclo de cine itinerante denominado Recomendadas X, que consistió en contar con recomendaciones en redes sociales de cine LGBTI para proyectarlo luego en diversas facultades, junto a un conversatorio. Esto nos dio la oportunidad de debatir sobre género y deportes en la Facultad de Educación Física, sobre cine, género y censura en las facultades de Veterinaria, Ciencias Sociales y Humanas, etc.

 

Luego de inaugurada la exposición, las reacciones fueron diversas. Los colectivos con intereses de género y la comunidad LGBTI se sintieron representados. Varios estudiantes escribieron sobre el cambio significativo que había sido para ellos la exposición, ya que, tras haber pasado por la experiencia, cuestionaban la discriminación por identidad de género. En el libro de comentarios se lee: “la Tercera Reforma Universitaria de la UCE no vendría desde arriba, sería generada desde abajo, desde los colectivos y sus luchas, afirmando los derechos de todas, todos y todes y será feminista”.

 

En contraposición, un grupo de docentes de la FACSO se sintieron “incómodos”, es decir, interpelados por el montaje de En la FACSO se dice del colectivo Universidad Purpura. Este grupo envió una carta al rectorado, solicitando que se retire estos “pasquines”, argumentando que “hacían quedar mal” a la FACSO. Estas expresiones reaccionarias dan cuenta de que ciertos actores institucionales (docentes y directivos) se vieron afectados en su sentido de “honorabilidad”, porque se cuestionó su estatus quo, y por tanto su posición de privilegios, de actores que solo pueden ser “juzgados” por sus pares, inscritos en la jerarquía patriarcal.

 

Otros argumentos expuestos señalaban que este tipo de luchas invisibilizan al verdadero enemigo que es el capital, que la lucha válida es la lucha de clases y que, según su perspectiva, existe feminismo bueno y feminismo malo, y que estos colectivos pertenecen al segundo porque “incomodan”. También se mencionó que la lucha de género debería enfocarse más en las mujeres.

 

Ante esto, el MUCE y algunos representantes de los colectivos que habían trabajado en la exposición, convocaron a un conversatorio público, y se invitó a varios colectivos, a activistas, a gestores culturales comprometidos con las luchas de derechos humanos y, por supuesto, a uno de los docentes que suscribió la carta para dialogar públicamente en el museo, quien no asistió. Consideramos que el museo y la Universidad Pública es un espacio de disenso, de expresión de contradicciones, pero el disenso es dialogante.

 

La última exposición surgió de una articulación entre INIGEDH, Daria Castro (activista trans de la UCE), la Facultad de Psicología y la Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Se trató de un “violentómetro”, representado en una estructura de gran formato, con forma de laberinto, que permitía hacer un recorrido de forma vivencial y didáctica. Al atravesarlo se podía ver situaciones que iban desde chistes hasta formas más agresivas de violencia de género. Esta propuesta pretendía sensibilizar y otorgar herramientas críticas para desnaturalizar la violencia de género. Este proyecto forma parte de un Plan Integral para erradicar la violencia de género de la UCE. Se lo nombró El laberinto de Ariadna (Fig. 11), y contó con el apoyo de Care Ecuador y la Unión Europea. El Museo Universitario MUCE diseñó las actividades paralelas y el programa educativo que la acompaña.

 

Un docente, junto a estudiantes de la Facultad de Arquitectura, diseñó para la producción una estructura fácilmente desmontable capaz de ser expuesta en cualquier espacio público. Al mismo tiempo, estudiantes de la Facultad de Psicología diseñaron –conjuntamente con INIGEDH– los contenidos que muestran la violencia sin revictimizar, sin estereotipos, y enfocada en el empoderamiento de los visitantes para enfrentar la violencia de género. El laberinto recuerda constantemente que siempre hay salidas: afectivas, jurídicas, grupales, etc.

 

Dentro del Museo se instauraron espacios educativos y un espacio para contención psicológica, ocupado por los estudiantes de esta facultad. La exposición se recorría de forma individual. Dentro y fuera del laberinto había estudiantes de psicología que brindaban contención si alguien lo necesitaba, al tiempo que realizaron una investigación entre los visitantes sobre el impacto de la exposición en lo corporal, lo emotivo y lo cognitivo. Muchas personas que concurrieron la exposición se sintieron interpeladas y reflexionaron sobre la violencia de género en la cotidianidad.

 

Las actividades educativas diseñadas para esta muestra incluían: un ejercicio de reescribir noticias con violencia de género que visibilizaran formas ocultas de discriminación,[37] la lectura de literatura feminista, la deconstrucción de mitos sociales (que consistía en conversatorios con académicos y/o escritores sobre el significado de los mitos), y talleres enfocados en la autocontención a través de la corporeidad, usando técnicas de tai chi, yoga, y otras. Con esta agenda nos estamos construyendo como un museo aliado del cambio social, constructor de infraestructura y generador de nuevas memorias universitarias. 

 

Conclusiones

 

La propuesta de la Dirección de Museos de la Universidad Central del Ecuador, especialmente en el Museo Universitario MUCE, ha tratado de problematizar, en sus enunciados y prácticas museales, las articulaciones y tensiones de las relaciones sociales posibles entre la UCE, sus Museos y los contingentes sociales heterogéneos que se movilizan en la Institución. El objetivo ha sido alterar, deconstruir y trascender los presupuestos hegemónicos que reproducen la despolitización, las jerarquías, la violencia, etc. Nos planteamos un cambio de la realidad como motor de trabajoque contribuya a la configuración de renovados significados y relaciones sociales.

 

Para lograr este propósito se intenta, en primera instancia, cuestionar las prácticas y discursos de los grupos históricamente privilegiados, además proponemos construir nuevas memorias universitarias, críticas, y descentradas. Así también, se avoca a la construcción de otro tipo de prácticas colaborativas, en resonancia con las acciones de los contingentes sociales heterogéneos según sus reivindicaciones (étnicas, interculturales, de “discapacidad”, de género, de clase, etc.).

 

Con esta propuesta, el MUCE ha logrado posicionarse no solo como un espacio público donde distintos actores pueden interactuar, sino también como un espacio de producción de conocimiento. Pese a su reducido personal y el bajísimo presupuesto con el que cuenta, se ha organizado para realizar investigaciones curatoriales y el relevamiento de una cartografía de actores sociales y culturales, contando con la ayuda de los estudiantes de una manera colaborativa y de intercambio.

 

El presente trabajo ha dado cuenta de la importancia de haber realizado dicha cartografía en un contexto de escasísima información institucional y despolitización de los actores, ya que permite direccionar las acciones del trabajo del museo hacia actividades particulares en torno a la diversidad de comunidades universitarias.

 

La propuesta crítica del MUCE ha permitido realizar exposiciones que pueden dialogar con los actores universitarios, especialmente con los estudiantes y colectivos, al tiempo que se ha dejado afectar por los intereses y las experiencias que estos actores tienen al atravesar las exposiciones propuestas. El MUCE ha diversificado y repensado sus actividades al calor de las respuestas de sus audiencias ante las muestras, sabiendo que los cambios, las contradicciones, las tensiones y el disenso son parte de un diálogo real con los otros.

 

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Notas


[1]
 Web de los Museos universitarios goo.gl/h5fo7f.

[2] El Honorable Consejo Universitario es el órgano de gobierno universitario donde se toman decisiones presupuestarias, políticas, etc.

[3] Documento institucional de la UCE.

[4] Estatuto Universitario de la Universidad Central del Ecuador, en goo.gl/ymc1Hk (acceso: 1/12/2016). Ser herederos de la Reforma significa la adhesión a los principios autonomía, cogobierno, libertad de cátedra, concursos públicos, investigación científica, democratización de ingreso, etc.

[5] Isabel Mena, Voces y Bullas de la Central. Tu nombre Sonará, Museo Universitario MUCE, Quito, 2017, p. 21.

[6] Idem.

[7] Carlos Espinosa, Historia del Ecuador, en contexto regional y global, Barcelona, Lexus Editores, 2010, p. 678.

[8] Ibidem, pp. 679-681.

[9] Ibidem, pp. 712-713.

[10] Ibidem, p. 719.

[11] Justo Pastor Mellado, “El curador como productor de infraestructura”, en MICROMUSEO, Lima, 2007, https://www.micromuseo.org.pe/lecturas/jpastor.html (acceso: 1/12/2016).

[12] Idem.

[13] Silvia Alderoqui, Constanza Pedersoli, La Educación en los Museos. De los objetos a los visitantes, Buenos Aires, Paidós, 2011, p. 30.

[14] Susan Rocha y Luis Montoya, Conceptualización del centro de la memoria y cultura escolar MECHE, Quito, 2010, p. 53.

[15] Nora Landkrammer, Contradecirse una misma, Museos y mediación educativa critica, Ecuador, Edilesa, 2015.

[16] Mary Louise Pratt, Ojos imperiales, Literatura de viajes y transculturación, en Archivos del Sur, Buenos Aires, 30 julio 2011, https://archivosdelsur-lecturas.blogspot.com/2011/07/ojos-imperiales-mary-louise-pratt.html (acceso: 1/12/2016).

[17] Raquel Gutiérrez, “Insubordinación, antagonismo y lucha en América Latina”, documento electrónico: goo.gl/ZUuSXW (acceso: 13/12/2018.)

[18] Marcelo Expósito, “La potencia de la cooperación. Diez tesis sobre el arte politizado en la nueva honda global de movimientos”, en Viento Sur, nº 135, 2014, p. 2, goo.gl/uiU8Q7 (acceso: 1/12/2016).

[19] Víctor Vich, Desculturizar la cultura, La gestión cultural como forma de acción política, Buenos Aires, Siglo Veintiuno, 2014.

[20] Cabe aclarar que la información obtenida no se encuentra sistematizada. La población de la UCE está constituida por 36.889 estudiantes, de los cuales el 57,8 % son de género femenino, y 42,2 % de género masculino. De acuerdo con la identificación étnica, la población universitaria se considera: mestizo (67.3%), indígena (12%), blancos (0.8%), y mulatos (0.6%). Queda un 18.5% de población que no se ha identificado con ningún grupo étnico, lo que nos lleva a pensar que la encuesta no tuvo los mecanismos necesarios para que sea correctamente llenada. La variable económica más relevante es la de ingresos por hogar, tomando como base el salario básico en el Ecuador (2018 de 386 $ USD).Se determinó que el 12,38% de todos los estudiantes provienen de familias con ingresos por debajo del salario minino, y el 87,62% tiene ingresos en sus hogares iguales o superiores al salario básico.

[21] La cartografía se realizó en el año 2018 con la colaboración de estudiantes de Facultad de Sociología y Ciencias Políticas: Erika Guanolema, Wendy Córdoba, Andrés López y Steven Garcés, quienes formaron parte del equipo de investigación que desarrolló el mapeo de actores de la UCE. El estudio abarcó a 20 facultades y se realizó sobre grupos institucionales y no institucionales, compuestos por estudiantes, docentes y mixtos, que tuvieran fines académicos, sociales y culturales. Se realizaron entrevistas a representantes y miembros de 28 asociaciones de escuela (en cada facultad hay más de una asociación constituida por la convergencia de varias carreras), en 20 facultades, que se encontraban en funciones hasta la fecha de corte de la investigación.

[22] FEUE Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador de la Universidad Central del Ecuador. AFU Asociación Femenina Universitaria.

[23] Expósito, op. cit.

[24] Gutiérrez, op. cit.

[25] Idem.

[26] Para la exposición Voces y Bullas de la Central, tu nombre sonará se eligió este título ya que la palabra “bulla”(ruido), era la forma en que se llamaba a las actividades de protesta y/o huelga estudiantil de la Central, su salida a las calles en la zona alrededor de la Universidad. Adicional a esto, durante muchos años las “bullas de la central” acompañaron a toda protesta y huelga por demandas de los trabajadores (gremios, sindicatos, etc.) del país. “Tu nombre sonará” remite a un cántico, propio de los estudiantes de la Universidad, que identifica a todo el alumnado y que surgió de barras deportivas.

[27] De todas las mesas de diálogo destacamos la que organizó Rosemarie Terán, reconocida historiadora ecuatoriana. En este conversatorio se reunió a mujeres que, en la década de los setenta, militaron e integraron movimientos políticos de izquierda. En los relatos de vida narraron como era la vida de las mujeres en las organizaciones políticas, como se vivía el amor militante, las formas de desigualdad y violencia de género dentro de los movimientos y sus sentires durante esta década. El resultado de esta mesa fue que, desde la curaduría, interpelemos nuestra propia exposición, superponiendo varios testimonios, imágenes y datos de género al montaje.

[28] Esto fue en la Plaza Indoamérica, la residencia universitaria, la tumba de Milton Reyes (militante mítico de la UCE que murió en la década del setenta torturado por parte del gobierno de turno), el teatro universitario, los espacios de protesta social, etc.

[29] Claire Bishop, Museología radical. O ¿qué es “contemporáneo” en los museos de arte contemporáneo?, Buenos Aires, Libretto, 2018, pp. 8.

[30] Ibidem, p. 11

[31] Los colectivos que participaron en la exposición fueron: La Periódica, Pacha Queer, los artistas Gledys Macías, Boris Torres, Raúl Chacón, Felipe Racines, Christian Proaño y Martina Valarezo.

[32] Jacques Derrida, La Universidad sin condición, en goo.gl/qQKJQc, (acceso 13/12/2018).

[33] Claire Bishop, op. cit., p. 35.

[34] Esta campaña fue la antesala del programa Gritan las Aulas llevado a cabo conjuntamente con Senecyt, Care Ecuador, el Churo Comunicaciones y varias universidades del país. Posee el programa Radio Púrpura, que se ha sostenido varios años al aire y que cuenta incluso con una frecuencia ganada en concurso dentro de la Radio Pública. Además, este colectivo contribuyó en la construcción del Protocolo para tratar casos de violencia de género, mismo que, con varios cambios, fue aprobado por el Honorable Consejo Universitario el 17 de diciembre de 2017.

[35] Carta de respuesta elaborada por MUCE, INIGEDH, Universidad Púrpura, y el Subdecanato de la FACSO al pedido de censura de la exposición.

[36] Entre ellas, un taller de maquillaje Drag, con Dionicios (primer espacio Drag del país), usar fragmentos de películas del festival, hacer un concurso de actuación entre los visitantes, etc.

[37] Esta actividad se inspiró en el colectivo La Correctora de México, quienes amablemente aceptaron replicarla en el MUCE.

 


Recibido: 20 de diciembre 2018

Aceptado: 29 de abril 2019


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El autor

Directora de los Museos de la Universidad Central del Ecuador y docente de la misma entidad; Máster en Historia Andina, Universidad Andina Simón Bolívar; DEA en Estética, Valores y Cultura; Diplomada en estudios del arte. Fundadora del blog de crítica Paralaje.xyz. Ha trabajado en investigación y curaduría sobre arte, historia y activismo.

susorocha@gmail.com

Educadora del Museo Universitario MUCE, Ecuador. Es Artista visual, Máster en Conservación y administración de bienes culturales, actualmente cursa la especialización Superior en Gestión Cultura y Patrimonio. Ha trabajado en investigaciones artísticas de crítica social y política. Co-creadora del colectivo Frente Popular Unidad Pelota Cuadrada.

karena.s.b76@gmail.com

Investigadora y curadora del Museo Universitario MUCE, Ecuador. Es Profesora en Historia y Máster en Historia Andina por la Universidad Andina Simón Bolívar, ha trabajado en investigaciones históricas sobre idearios políticos, revistas culturales, movimiento estudiantil y movimiento obrero. Ha sido docente en nivel medio y universitario.

garridomj_9@hotmail.com

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